Sobre el código que compromete

Por Ramses Uribe..

 Inicio. Todos quieran hablar sin comprometerse; participar sólo con la lengua, y hablar a todo pulmón sin mover un dedo para la acción social o política. El parloteo descontrolado, el chisme malsano, el rumor oculto  o la verborrea desbordada y estéril inundan todos los escenarios de la sociedad de los grandes músicos criollos Alirio Díaz y Antonio Lauro. Cierta  opinión o doxa irresponsable, lanza dardos sin una reflexión bien ponderada. El fanático o dogmático de la política, prosigue en su carrera de total irracionalidad hacia sus falsos ideales socialistas fracasados como si fuera viable, posible o siquiera pensable tamaña locura, mientras caminamos sobre las ruinas de sus efectos tan dolorosamente palpables en nuestro país. En el fondo la alienación política explicaría su tozudo proceder. Son  equivocados sinceros porque creen que van por el buen camino de la felicidad para todos, están seguros de estar haciéndolo muy bien. ¿Es posible tanta desfachatez?.  Pocos quieren callar mientras escuchan la voz de la conciencia interior o la del ideal democrático. De nuevo corresponde recordar hablar de nuestros deberes y no tanto o muy poco de los derechos, que en todo caso hoy están conculcados, arrojados al pipote del olvido como de los desechos sólidos, por cierta gente torcida del gobierno que hace una veintena de años engaña descaradamente, oprime y empobrece al pueblo venezolano y que ha extendido sus tentáculos infames a otros países hermanos, y más lejos, con muy malas intenciones.

 Código universal. Históricamente los códigos han cumplido un papel primordial para la supervivencia de las grandes civilizaciones. En la antigüedad ya se conocía un código que normaba la vida en comunidad: es el famoso código de Hammurabi. En occidente tenemos el código mosaico de los 10 mandamientos. En las familias impera un código de interrelación que permite el respeto de los miembros de un grupo familiar. Toda institución posee, o conviene que tenga, un código interno de funcionamiento. En los países impera un código normativo superior que muestra el camino seguro de la convivencia, la justicia y las actividades, es la Constitución Nacional, la Carta Magna. Es una pena que en nuestros países latinoamericanos esta suprema ley sea letra muerta pues si se cumpliera a cabalidad se acabarían tantas injusticias, atropellos, miseria y corrupción. El preámbulo y el artículo 2, título I, “principios fundamentales”, de nuestra Constitución Nacional, resumen los ideales democráticos que Dios mediante recuperaremos pronto: Art. 2, “Venezuela se constituye en un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y, en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político.” El lector seguramente podrá percatarse que nuestro país está lejos de cumplir este articulado tan maravilloso.

En educación, sólo para mencionar una disciplina social,  se emplea el código de convivencia para los planteles, que por cierto no ha reducido la violencia escolar, aunque sí contribuye o intenta a duras penas mantener un clima organizacional adecuado pese a las enormes dificultades que enfrentan cada día. Las universidades tienen su reglamentación correspondiente, la Ley de Universidades, además de los consejos de facultad o núcleo para gestionar todo sus asuntos, asimismo las universidades públicas nacionales  gozan de autonomía universitaria, sin la intervención del gobierno nacional, que amenaza con sus garras retorcidas disfrazado de toga y birrete.

Compromiso ontológico. Es aquel lineamiento existencial inherente al alma individual. En esta condición el individuo de a pie pugna por liberarse a sí mismo de la opresión de la existencia en cuanto tal. Este es el compromiso eminentemente filosófico de pocos individuos que buscan la verdad o algo parecido, durante toda su vida: los filósofos, científicos, artistas, teólogos, periodistas, autodidactas  y quizás algunos curiosos. Generalmente este compromiso lleva a un fin ilimitado y pesimista porque se descubre el sentido trágico de la existencia al descubrir el carácter último de la vida: el sufrimiento,  por tanto se devela el sentido dramático de la vida humana y de la sociedad. Así lo sostiene el budismo, entre otras corrientes de pensamiento.

Compromiso teológico. Es aquel que siguen algunos en base a las Sagradas Escrituras cristianas u otros códigos teológicos de  culturas que persiguen fines similares: la búsqueda de aquella verdad divina revelada aunque oculta. Este compromiso es bilateral; del individuo con Dios; del vecino común y corriente con ese Ser Supremo. Es un camino escabroso por lo difícil que, sin embargo bendice a su caminante y a su entorno para bien de la sociedad. En la biblia aparece este tipo de compromiso normativo así: Deuteronomio (23:23), “Pero lo que hubiere salido de tus labios lo guardarás y lo cumplirás, conforme lo prometiste a Jehová tu Dios, pagando la ofrenda voluntaria que prometiste con tu boca”. Aquí el devoto o religioso al seguir unos preceptos espirituales se compromete a hacer el bien al prójimo y a respetar a los demás como a sí mismo y a cumplir las leyes de la comunidad donde hace vida activa. Este tipo especial de compromiso y forma de vida, empieza a aparecer y a dar fruto en el venezolano que se encuentra desesperanzado y empobrecido ya que es una alternativa a la tremenda situación país incontrolable por el individuo. La fe, indudablemente brinda una esperanza supranatural y espiritual en vez de confiar en políticos o bolsas de comida.

El fiel cumplimiento de los códigos o leyes jurídicas y teológicas son la llave que puede abrir el camino seguro a una verdadera democracia en la que se cumplan sus anhelados ideales, aunado a una actitud de responsabilidad con nosotros mismos, los familiares, amigos, vecinos y todos los ciudadanos que luchan y se sacrifican por esta hermosa tierra.

 Ramsés Uribe, profesor ULA

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