Por: Rosalba Castillo…
Y así, un sábado por la noche, sin aviso ni protesta se habló oficialmente de marcar el ritmo del desconfinamiento. La vuelta al mundo. Se abren las puertas, de manera inesperada se flexibilizan las medidas que recién se habían endurecido frente al COVID – 19, imitando la práctica que paulatinamente se hizo en Europa y EEUU: el 5X10. Se basa en un modelo matemático del Instituto Weizmann de Israel. Usa creativamente el período de latencia del virus. SI te contaminas en cinco días que sales, tendremos diez en casa para notarlo y hacer la cuarentena.
Aunado a este anuncio, el aumento de la gasolina para los venezolanos dejó de ser un rumor de redes para convertirse, en elemento que superó a la pandemia, no por una solución médica, ni siquiera por el fin del miedo. La cuarentena sin gasolina lleva a que la primera necesidad del ciudadano sea llenar los tanques de los vehículos. En esta ocasión con un combustible dolarizado, en cantidad y a tiempo determinado.
Venezuela atraviesa la mayor crisis social y política en medio del coronavirus.Este ejercicio de abrirnos a la normalidad, se convierte en un gran riesgo. Cada día tenemos sectores denunciando el precario estado de los centros de salud, la carencia, alto costo de medicamentos, la migración de médicos, y nuestra debilitada salud. En Venezuela enfermarse es un lujo y la medicina preventiva hace mucho que no existe.
El virus nos agarra con una fragilidad en el nivel de la salud.Hospitales con presupuestos insuficientes, sin servicio regular de agua, gas y luz, con una economía en dificultades. En una gran incertidumbre No es posible el diagnóstico de quienes están contagiados. Se hacen pruebas en proporciones muy bajas. Las infecciones aumentan. Necesitamos información transparente y confiable. Mientras no se pueda acceder a los servicios básicos y esenciales de salud, todos estamos en riesgo.
No será posible volver a la normalidad. Ya no podremos ser como antes. Este resguardo al que nos envío este virus hace que cambiemos las dinámicas de vida de ahora en adelante. El país lucha por estabilizarse en medio de una gran y prolongada incertidumbre. Nadie sabe cuándo termina esto. Nadie sabe a dónde vamos. Nadie ha dicho que nuestra nueva normalidad volverá a la antigua lo cual crea una dinámica abierta y angustiante que frustra una de las maneras más importantes para enfrentar situaciones.
América Latina recién está entrando en la ola de los contagios y sus cifras ya están superando a EEUU y Europa. Las perspectivas son peores. Las muertes se incrementan vertiginosamente en Brasil, Chile, Ecuador, Perú Argentina y México. Con gobiernos que no pueden ni quieren ofrecer información precisa y completa de sus enfermos y fallecidos.Los gobiernos minimizan la amenaza del virus deslindándose de responsabilidades. No estábamos preparados para este enemigo. El área de la salud siempre tan desasistida.
En Venezuela nos preparamos para este aislamiento desde tiempo atrás. Ya estábamos en casa por limitaciones para sobrevivir. Con la llegada del coronavirus entramos en una cuarentena adelantada para controlar los casos de infectados. Un confinamiento en ausencia de servicios básicos: electricidad, agua, gas, internet, alimentos, dinero, medicamentos Así, la flexibilización se comenzó a evidenciar muy pronto, antes de ser decretada de manera oficial. Somos una fuerza laboral particularmente vulnerable a los impactos del virus. Muy pronto el aislamiento se fue rompiendo llevándose por delante las medidas de bioseguridad.
Muchos de los venezolanos que habían visto en la migración una opción, terminaron retornando a su patria pues, por motivo de la pandemia, el trabajo comenzó a escasear y resultó mejor volver a la patria. También muchos de ellos retornaron con apoyo gubernamental y otras vías como los caminos verdes. Algunos ya venían contaminados, otros hicieron su cuarentena y otros simplemente se escaparon de los centros de confinamiento. Esto hace que la pandemia viniera en sus equipajes y se propagó al llegar. Los casos de contagio son muchos y la curva puede aumentar pronunciadamente en los próximos días trayendo consecuencias nefastas.
Este virus está en todas partes, no negocia horarios, y no se irá por arte de magia. La vacuna tardara meses en aparecer en el mercado. Hasta ahora los medicamentos tampoco son seguros. A la larga muchos seremos contaminados. En el banco, en el supermercado, en la calle y hasta en nuestra propia casa. Por favor, mantengamos las medidas sanitarias recomendadas. No importa que estemos tratando de volver a la vida cotidiana. Cuidarnos y cuidar a los nuestros es la mejor opción. Mantengamos lo más que podamos el aislamiento social, el lavado de manos y el uso de tapabocas.
Nos queda reinventarnos, gestionar esta larga espera, de incertidumbre, de soledad, y de tolerancia. Hagámosle un alto a la prisa. Soltemos el control. Recibamos lo que se nos está ofreciendo. Allí está eso no podemos ver. Amemos y dejémonos amar. Aprendiendo a aprender es un arte. A vivir el tiempo y el espacio, el aquí y el ahora, de introspección, de toma de conciencia. Cambiar la mirada de lo negativo a lo positivo. Hacernos más fuerte. Aprendiendo herramientas y estrategias para el futuro. Gestionando nuestro presente. Nos toca volvernos mejores. Activemos la conciencia colectiva. Recordemos que todo pasará
Las sonrisas tan necesarias quedan atrapadas detrás de las mascarillas. Aprendamos a sonreír con los ojos
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