Las recientes lluvias torrenciales en el estado Mérida han dejado una profunda huella en los municipios del Páramo. Desbordamientos de ríos, deslizamientos de tierra y el colapso de vías como la carretera Trasandina han aislado comunidades enteras, dejando a muchas familias sin hogar, sin acceso a alimentos y sin medios para continuar con sus labores agrícolas. En medio de esta emergencia, la solidaridad se ha convertido en el puente más fuerte entre quienes sufren y quienes desean ayudar.
La solidaridad no es solo un acto de dar, sino una forma de estar presentes con respeto, empatía y eficacia.
En esta tragedia que nos entristece, todos queremos ayudar de alguna manera. Sin embargo, hay que saber cómo actuar para no entorpecer las labores de ayuda. Entonces, es importante escuchar para entender las verdaderas necesidades de los afectados.
Podemos coordinar con organizaciones locales, como por ejemplo Cáritas Mérida o Protección Civil, que conocen el terreno y las prioridades, y que tienen los vehículos necesarios para que los insumos lleguen con más seguridad.
Debemos evitar protagonismos, recordando que la ayuda no es para ser vista, sino para ser útil.
En esta emergencia, la buena intención no siempre basta. A veces, la ayuda mal canalizada puede entorpecer los esfuerzos de rescate o saturar rutas ya colapsadas. Podemos evitarlo, de varias maneras:
No viajar a zonas afectadas sin autorización. Entendamos que el acceso está restringido por razones de seguridad y logística.
Es fundamental no difundir información no verificada. Las redes sociales pueden ser útiles, pero también peligrosas si se comparten datos erróneos.
La tragedia del Páramo nos recuerda que la naturaleza puede ser implacable, pero también que la humanidad puede ser profundamente generosa. Ayudar sin estorbar es, en esencia, ayudar con el corazón y con la cabeza.
Marco Antonio Sosa Villamizar
Estudiante de 2do año de bachillerato
Colegio Micaeliano-Mérida
29-06-2025 (121)



