En Mérida, capital del municipio Libertador del Estado Mérida, región andina venezolana, la que llaman “ciudad turística”, ante la inaguantable deficiencia en la prestación de los básicos servicios públicos, del servicio de salud, seguridad y pare de contar, quienes viven y conviven en ella, los que llegan en condición de viajeros, visitantes eventuales, turistas, padecen todo un verdadero stress depresivo traumático, factor que incide considerablemente en la ya baja calidad de vida que se percibe a la vuelta de la esquina.
Si bien es cierto que el país acusa una aguda crisis energética que afecta a todos por igual y de la que Mérida no se escapa, pareciera que a la ciudad y el estado en sí, “se la tienen agarrada y jurada”, como dirían nuestros ancestros, habida cuenta que no hay minuto, hora, día, noche, que no se sufra todo un stress depresivo traumático con los cortes y bajones de la luz, que daña cualquier aparato que dependa de ella, alimentos y hasta los medicamentos refrigerados, a lo que se suma el escasez del servicio del agua potable, la flagrante especulación en el comercio local regional con los precios de los productos de primera necesidad, la deficiente seguridad ciudadana, entre otros factores, etc. etc. etc.
La situación es desesperante, los entes oficiales ni pío dicen, andan en otro mundo, en el de la fantasía política, cansos están los medios de comunicación social en hacerse receptores de las denuncias del colectivo, bueno los que se atreven hacerlo, la respuesta esperada no aflora por ningún lado, en una ciudad que arribará dentro de poco a sus 465 años de haber sido fundada, sumada en todo un colapso, calamidad, stress depresivo traumático, realidad palpable, duela a quien le duela y “al que le caiga el guante que se lo plante” (Giovanni Cegarra, GC. CNP. 2229).
14-09-2023



