Tanto va el cántaro al agua hasta que por fin se rompe: los refranes lo explican todo

La sabiduría popular no se equivoca y si intentamos hacer una interpretación de lo sucedido este 6 de diciembre durante la jornada de elecciones parlamentarias, en las cuales, sin duda alguna, ganó la abstención, deberíamos echar mano a varios refranes que explican muy bien la situación de por qué los venezolanos no votaron masivamente como era de esperarse, y prefirieron quedarse en su casa cocinando con leña o haciendo una cola interminable para cargar combustible. El pueblo no tenía ninguna motivación para salir a ejercer su derecho Tanto va el cántaro al agua hasta que por fin se rompe,” dice un refrán muy conocido, y algo parecido fue lo que sucedió. Durante muchos años los venezolanos hemos estado sometidos a cargar un cántaro muy pesado en busca de agua fresca, es decir, en busca de soluciones a los terribles problemas que confrontamos. Y fuimos y fuimos al manantial, pero en cada viaje volvíamos sin nada. En el mejor de los casos encontrábamos agua turbia, producto de la incapacidad de quienes debían llevar a nuestro país por un camino de progreso, tal  y como lo habían prometido todos los representantes políticos,  sin excepción, porque echando mano a otro refrán, “Aquí no hay a quien decirle Dios te salve”. La incapacidad para resolver los problemas más acuciantes de la población, la ineptitud, la mentira, las amenazas, la coerción, las injusticias, pero sobre todo la pobreza y el deterioro creciente de la calidad de vida terminaron por romper el cántaro, y le cobraron la factura, tanto al oficialismo como a la oposición que tampoco supo encontrar, hasta ahora,  salidas y acertar con propuestas viables y creíbles para enfrentar este pandemónium en el que se convirtió el país.

Transcurrieron los días, los meses y los años, y, a parte del mucho bla, bla, no hubo acciones específicas que aseguraran: educación, trabajo, respeto, alimentos, medicinas, salud, muy por el contrario, surgieron nuevos “emprendimientos” basados en la matraca, el bachaquerismo, la corrupción descarada, el tráfico de influencias, en fin, aparecieron nuevos males, pero que hicieron millonarios a quienes ejercieron esos “nuevos emprendimientos”.

Los venezolanos comenzaron a huir del país en busca de mejores oportunidades de vida. El éxodo fue impresionante, doloroso, lamentable. Separó familias enteras. Hijos sin padres, padres sin hijos. La  Soledad y la  tristeza, cubrieron nuestro cielo y muchos hogares se quedaron vacíos.

Ningún profesional honesto se salva de vivir con la zozobra de intentar comprar la comida para su familia, porque cubrir las otras necesidades básicas es casi imposible, cuando, por ejemplo,  un dentífrico puede llegar a costar 1, millón 500 mil bolívares.

Del precio de las medicinas, es mejor ni tocar el tema porque cada quien que ha pasado o está pasando por cualquier enfermedad sabe lo que cuesta, por eso, vemos tantas solicitudes de ayuda por las redes sociales y estamos de manos atadas porque tampoco contamos con los medios necesarios, si acaso nos alcanza para sobrevivir el día a día.

“No hay peor ciego que el que no quiere ver”.

Así es, “no hay peor ciego que el que no quiere ver”, y si el oficialismo no hace la lectura clara y necesaria de lo que expresó el pueblo con su ausencia en las urnas electorales, está cometiendo otro error. Debe revisarse, debe analizar por qué la gente está molesta, aun cuando ellos lo saben. No es suficiente entregar bonos con nombres pomposos, ni bolsas de comida muy de vez en cuando. No. La mayoría de los venezolanos quiere trabajar honradamente. Ganarse el sustento desarrollando una labor productiva: los campesinos labrando su tierra inconmensurable, los pescadores pescando en su mar caribe de azules profundos. Los maestros en sus escuelas, educando y enseñando, los médicos en sus hospitales bien dotados. Los obreros construyendo futuro porque su misión es importante, los artistas, creando sueños, los periodistas informando la verdad sin miedo a represalias.  Los libreros en sus librerías, puertas abiertas del saber, los profesores enaltecidos con excelentes salarios acorde con su tarea; en fin, los venezolanos quieren vivir dignamente y en paz, y estos aspectos no han podido ser disfrutados durante todo este tiempo de revolución, porque los días se han ido en peleas estériles, en perseguir fantasmas, en buscar culpables para achacarles sus propias fallas y así, definitivamente nada puede mejorar.

La gente también se cansó de las amenazas de algunos representantes del oficialismo, quienes con un discurso equivocado dicen punitivamente: “si no haces esto, pasará esto otro” como si el venezolano fuera un párvulo, un ingenuo. No, señores, abran los ojos, “no se puede tapar el sol con un dedo”.

No hay mal que dure 100 años…

Otro refrán que nos viene muy bien, “no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista”. Así que no podemos perder la fe en que, más temprano que tarde llegará un cambio positivo para toda la nación. Se abrirán los caminos que recorren nuestra hermosa y cambiante geografía. Las universidades volverán a ser centros de libre pensamiento y del saber. Los jóvenes se quedarán en el suelo patrio para ver sus sueños convertidos en realidad. Las familias volverán a estar unidas porque nuestro país de contrastes, de colores diferentes, de sonrisas, de manos amigas y de luz, será lo que todos los venezolanos deseamos: un lugar donde quepamos todos sin distingos y en prosperidad.

Por eso decimos: la sabiduría popular traducida en refranes jamás se equivoca.

Redacción. C.C.

10-12-2020