“Ya basta, ¿no están viendo cómo el país se desintegra? No les conmueve, en alguna fibra que los venezolanos, especialmente los que vivimos en la provincia, estamos sufriendo mucho y constantemente. ¿Es que acaso no les llegan las imágenes de las interminables colas que se forman para cargar combustible? Son hasta 6 días los que han tenido que esperar los conductores, y todavía pasado ese tiempo, aun no logran su anhelado cometido, tanquera sus carros”. Así comenta con exasperación en su rostro una señora, quien ha tenido que soporta la humillación que significa perder su valioso tiempo a la espera infructuosa de que arribe la gandolas y le dé tiempo de llegar al ansiado surtidor.
“Anoche-continúa explicando -fue una de las más terroríficas de mi vida.Se desató una tormenta eléctrica sobre la ciudad y el volumen de agua que caía del cielo era tal que rápidamente inundaba las calles y avenidas. Allí encerrada en mi carro, sentí que me moría. Sentí pánico, y así como a mí, muchas personas vivieron lo mismo en las colas de la gasolina. De paso hubo un apagón que transformó la imagen en la mayor pesadilla”. Este comentario, es uno más, de los miles de relatos de angustia que están perturbando a los merideños, a los tachirenses, a los trujillanos, por referirnos solamente a la zona andina.
No más excusas
El régimen de Nicolás Maduro encuentra pretextos de todo tipo para no encarar la gravísima situación en la que está sumida Venezuela. Solamente Caracas, la capital de la República está siendo mantenida como en una burbuja de protección. Hablar con habitante de Caracas, es sentirse en dimensiones paralelas. “No. Aquí hay gasolina, lo que más te tardas en una cola es de veinte minutos, a 2 horas, cuando mucho. La electricidad se va muy de vez en cuando. La problemática del agua, está ruda, pero llega, dice Alejando Sánchez un comerciante que hasta ahora no ha sentido los rigores intensos de esta crisis sin nombre, pero sí con culpables.
Todo aquello de las sanciones, sí, es verdad, que pueden incidir en algunos sectores, pero ¡por Dios!, ¿qué pasó entonces con los tiempos de bonanza económica, donde se regalaba el petróleo a manos llenas a países de la región, y aún lo hacemos con Cuba? No se tomaron previsiones, no se hizo mantenimiento al sistema eléctrico, a las vías y carreteras, y mucho menos se tomó en cuenta que la industria petrolera podría atravesar por dificultades.
Se desató la corrupción a gran escala.
Mérida desértica
Mérida luce como en esas películas apocalípticas donde los lugares quedan arrasados. Observar las interminables colas esperando el turno para cargar combustible, las caras tristes y la agresividad manifiesta en muchos ciudadanos. Las horas perdidas, completamente perdidas, el sentirse improductivo porque entre apagones y colas no puedes hacer nada. La desmotivación que produce una situación tan agobiante, se podrían tipificar, según los expertos en Derechos Humanos, como crímenes de lesa humanidad (se trata de delitos comunes de máxima gravedad que se caracterizan por ser cometidos en forma tendenciosa y premeditada, con el propósito de destruir, total o parcialmente un grupo humano determinado, por razones de cultura, raza, religión, nacionalidad o convicción política. Se reconocen, además, por ser delitos continuos que pueden exteriorizarse en forma masiva)¿Es o no un crimen lo que está sucediendo con los venezolanos?
Última hora.
Representantes del sector oficial en Mérida, aseguran que la situación tiende a normalizarse. Veremos. Redacción: C.C.


