lunes, julio 22, 2024

¡Todavía estamos a tiempo!

Por: Antonio José Monagas

Indudablemente, estos días constituyen momentos críticos por lo que vive el país de cara al proceso electoral toda vez que habrá de culminar este 14 de Abril cuando se determine quién será el próximo presidente de la República de Venezuela. La sociedad venezolana está a la vuelta de darse el gobierno que mejor cuadre con las presentes realidades, por demás exigentes desde cualquier perspectiva. Todo, por supuesto, dependerá de la visión que cada elector pueda tener del terreno que esté pisando y que, al mismo tiempo, sea tierra fértil para el futuro que forme parte de su imaginario en todos los sentidos. Bien, porque se haya preparado para coadyuvar con la construcción del país en el contexto de tiempos difíciles de dominar. O porque haya sido alguien que no aprendió a debatir su vida entre problemas y oportunidades y, por tanto, haya preferido vivir arrastrado a la migajas que puede ofrecerle un gobierno remolón y camandulero.

Ante la duda que este situación pudiera generar a nivel de las emociones, pero también a instancia de la inteligencia y de la razón, habrá que preguntarse quien mejor podrá ser quien conduzca los destinos de esta Venezuela hipotecada, subyugada y malograda por la gestión de gobernantes que sólo se han dispuesto a recrearse del ingreso petrolero en aras de un proselitismo fútil que no le ha deparado garantías suficientes al desarrollo económico y social de la Nación. ¿Será quien represente la continuidad de la crisis de Estado y la tribulación de un gobierno que hasta ahora ha sido  peor de lo mismo? ¿O será quien represente las esperanzas de un pueblo que se moviliza tras un horizonte donde las libertades saben vencer las fatalidades?

 El 14 de Abril, el país estará jugándose su último minuto. Será casi un ultimátum de no comprenderse que ese día será trascendental para tomar una decisión que encamine a Venezuela hacia una vida de denodado desarrollo y diligente crecimiento en todas las esferas de la vida pública. O para seguir viviendo  prisionero de dogmas obsoletos que sólo devienen en consternación, humillación y disgregación.

 Es indiscutible que el país ha llegado a un punto de inflexión política en el cual, o se anima la voluntad precisa para generar el consenso social y político necesario para provocar un cambio decisivo este 14-A. O habrá que resignarse a transitar una senda de empobrecimiento y conflicto cuyas proyecciones echarían por tierra la mayor parte de los logros alcanzados. Las condiciones están dadas para rebatir las amenazas del régimen cuando impunemente actúa expropiando y expoliando propiedades y empresas sin respeto a los derechos fundamentales del venezolano.

Es urgente entender la magnitud del presente desafío. En lo inmediato, el venezolano con sentido de responsabilidad en su futuro y en el de su familia, deberá afrontar la inminencia de la decisión a tomar. No hacerlo, se traducirá en que se mantenga o empeore aún más la dramática situación de inseguridad, inflación, corrupción y desgobierno que abate al país. Aunque la República está a la orilla del precipicio, puede decirse que todavía hay oportunidad para restituir la plena democratización del sistema político. Es decir, para recuperar la Venezuela perdida entre los estragos encauzados por el régimen. Al día de hoy, frente a tan contundentes condiciones, puede decirse que ¡todavía estamos a tiempo!

VENTANA DE PAPEL

¿DESVERGONZADO CAPITALISMO?

A decir por lo que acontece estos días de campaña electoral en el terreno político, podría inferirse que las contradicciones están a la orden del día. Exhibidas, particularmente, por quienes se hacen llamar “socialistas” para cautivar incautos. Es decir, se han dado a la tarea de manipular emociones en ilusos, cándidos e incultos políticos con el único y malversado propósito de conseguir los votos necesarios el próximo 14-A para seguir entonces disfrutando las mieles del poder político en medio del desorden que igualmente han incitado desde el des-gobierno que vienen arrastrando a lo largo del siglo XXI venezolano.

Quienes así actúan, apelando al mote de “socialistas”, lo hacen poseídos por la farsa de parodiar una gestión gubernamental sólo de “bulla y cabulla”. Tan horrenda careta, les ha permitido hacer uso de técnicas de engaño realizadas a manera de ejercicio de demagogia de lo cual se sirven para confundir al país mientras imponen sus ideas de modo autoritario. Igualmente, para burlarse de la confianza de sus seguidores. Basta con advertir cómo se moviliza el tropel de mentirosos de oficio que acompaña al embaucador mayor y candidato del actual régimen. A Mérida, por ejemplo, no llegaron demostrando la modestia propia de una vida socialista, alejada de toda ambición de poder y dinero. Por lo contrario. Llegaron en Citation, Falcon, Beechjet, Lear, Gulfstream y King Air, aviones éstos llenos de ostentación y opulencia. Todo por viajar con las comodidades que sólo pueden brindar estos jets privados de lujo aún cuando sea a quienes presumen de socialistas (de “garra larga”).

El aeropuerto Alberto Carnevali, no dio abasto para estacionar tantos aviones cuya cantidad sorprendió a merideños poco familiarizados con tan alto tráfico aéreo. Ello, sin contar con los que aterrizaron en El Vigía, como el avión que transporta a Nicolás Maduro y su corte de “enchufados”. No hay duda de que, para disimular tanta fastuosidad, actúan con una humildad “perruna” llamándose “hijos de Chávez”. Se desbordan en expresiones que exaltan el “socialismo” mientras que, por otro lado, impugnan la burguesía sin darse cuenta de la vida pomposa y rebosada de ostentaciones que llevan contrariamente al hecho de ser conspicuos exponentes del llamado socialismo del siglo XXI. ¿Acaso así venden el socialismo? ¿O es que todo eso de socialismo, es puro alarde cuando en verdad es desvergonzado capitalismo?

DISCURSO DE “PAJARITO”

Escuchar cada discurso, si acaso así puede llamársele, del presidente (e) y además candidato presidencial por orden del difunto comandante Hugo Chávez, es penoso. Mejor dicho, vergonzoso. Es triste advertir la pésima calidad de quien dice ser el heredero político del presidente fallecido toda vez que siempre se reconoció su talante discursivo y su capacidad de improvisación lo cual le permitía seducir con la palabra aunque luego pudiera convertirse en “hojas lanzadas al viento”.

 Pero oír a Nicolás Maduro Moros, significa un esfuerzo heroico dada su falta de coherencia, de consistencia, de mensaje y de contundencia. No hay transmisión alguna de emoción que pueda despertar la confianza necesaria a partir de la cual se acrecienta la solidaridad tanto como la posibilidad de exhortar expectativas que conduzcan a consolidar la fuerza política y el arrojo social del candidato. Muy por el contrario a lo que estas virtudes puedan estimular en el elector, los discursos del candidato del régimen se tornan meras locuacidades que parecieran inocular malevolencia hacia posturas de tolerancia y pluralidad democrática.

Quizás el hecho de aceptar tan desventajosa debilidad, ha llevado a que estos actos políticos se vean inundados de aristas con el propósito de asegurar la concurrencia mediática necesaria . De otro modo, la descarada manipulación, enajenación y exaltación irracional contagiarían de distinta manera sus seguidores volteándole la tortilla a quien habla de todo y nada al mismo tiempo. Con palabrerías así, Maduro ha venido perdiéndose en el espacio de una política juiciosa. Más, porque desafina por andar groseramente tras los votos, tras el dinero y tras las almas de venezolanos que han comprendido que, cuando Maduro sermonea, sólo escuchan un discurso de “pajarito”.