Es inevitable, frente al título propuesto en este ensayo, la siguiente pregunta: ¿Demasiado estamos haciendo, para lo poco que hemos de gozar?

Una de las respuestas a la pregunta compendia: la educación primordialmente no es un medio de entretenimiento.

De este modo no faltaría quienes con ella busquen que les convenga en lo que no les conviene.

Por ejemplo, y fue un tema recurrente en Aristóteles, el paso de la “formación integral” hacia la “utilidad parcial”.

Ante ese problema —diría: uno de los principales— todo educador, y con esto está haciendo suficiente, ha de intuir en su labor que ni los niños, ni los jóvenes, ni los adultos en formación, están viviendo sólo “según instinto”, porque lo estarían irremisiblemente “si alguno” no los dirige.

No faltará, y vuelvo a recalcar, son muchos entre pobres y ricos, los que dirán con cordial sentido: primero me debo a mis hijos que seguir pretendiendo una autoridad excluyente.

Desde esta perspectiva, el título de este ensayo, “todo educador ha de gustar aplicarse a hacer lo que aconseja”, rememora esta conjunción: pensamiento y obra.

En realidad, con la primera operación, sin desentender la segunda, también radica en resaltarle al otro que no es agradable fraguar ideas sin hombres y mujeres que las evalúen convenientes y después las realicen.

De hecho, los padres de familia, luego los maestros, profesores, aguardan el paso de sus enseñanzas a la posteridad, y, sin embargo, es inevitable que “hoy mismo” los oyen.

En este sentido, al aplicarse los maestros a hacer lo que aconsejan, reconocen que, por sí solos, ello resulta en parte inútil; por ende, todo educador, con sus enseñanzas, ha de animar: “ayúdenos a educarlos juntos” (cf. Rodríguez, 2016, pp. 80-82).

Referencia:

Rodríguez, S. (2016). Obras completas. Ediciones Rectorado, Universidad Experimental Simón Rodríguez.

04-12-2025

Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.

horaraf1976@gmail.com