Los hinchas, los seguidores de la Copa América, se han quedado con los ojos claros y sin vista, gracias a los brutales cortes de electricidad que, en nuestro estado Mérida, porque no sabemos a ciencia cierta lo que pasa en otros, se han dado “casualmente”, y justamente, cuando los partidos más importantes están o por comenzar o incluso cuando viene el tan anhelado primer gol de nuestra selección.
Aun cuando tratemos de darle un toque jocoso a estos episodios, en realidad, exponen crudamente la deplorable situación de nuestro sistema eléctrico a nivel nacional. Hay que reconocer, porque somos objetivos, que en las últimas semanas en muchos sectores hemos contado con más horas de servicio,pero nada que presagie una recuperación por lo menos aceptable. Sabemos también.y reconocemos, el esfuerzo que hacen los trabajadores de Corpoelec, que se enfrentan día a día a miles de problemas, sin herramientas, sin indumentaria adecuada, con cascos rotos y solo la voluntad y la temeridad los hacen cumplir como pueden con su arriesgada labor.
Haber permitido que la destrucción del sistema eléctrico, llegara a límites insostenibles, es un crimen. Las causas de semejante despropósito han sido analizadas, advertidas, discutidas por expertos quienes desde hace bastante tiempo venían anunciando que el caos eléctrico podría llegar, y llegó, con todas las consecuencias nefastas para la vida en sociedad.
Los ciudadanos nos sentimos vulnerados en nuestros derechos. Tememos por los aparatos que compramos en mejores épocas porque ahora es prácticamente imposible. Nuestra neverita, el computador, los bombillos que están carísimos y que, con tantos cortes violento, duran lo que dura un suspiro. Casos más graves se están dando, cuando la vida de un paciente depende del adecuado flujo eléctrico. Además, y para colmo de males, no podemos acudir a ningún organismo en busca de respuestas o reparaciones. “usted verá cómo se las arregla”, aquí todo el mundo se lava las manos” en fin, es un azote esta situación que vivimos en nuestro país, pero muy especialmente, en los Estados Andinos ¿por qué será? Caracas y su periferia sigue en burbuja de protección porque hasta gasolina tiene.
Ya, cuando saludamos al llamar por teléfono o al ver a un amigo, lo primero que preguntamos es ¿tienes luz? Cuando llega el apagón todo se apaga, valga la redundancia, porque además del ánimo, lo que estábamos haciendo se tiene que poner en pausa, porque “la electricidad mueve al mundo”, pero su falta, lo detiene, como nos pasa a nosotros.
Derechos humanos pisoteados
“Los derechos humanos son derechos inherentes a todos los seres humanos, sin distinción alguna de raza, sexo, nacionalidad, origen étnico, lengua, religión o cualquier otra condición. Entre los derechos humanos se incluyen el derecho a la vida y a la libertad; a no estar sometido ni a esclavitud ni a torturas; a la libertad de opinión y de expresión; a la educación y al trabajo, entre otros muchos. Estos derechos corresponden a todas las personas, sin discriminación alguna”
Consagrado, entre los 30 derechos humanos por la libertad, la justicia y la paz, en el artículo 26 dice “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado”, entonces pregúntele a cualquier venezolano ¿si en el período que estamos viviendo siente que ese precepto se cumple? La respuesta inequívoca, es: No. Nadie puede sentirse bien en condiciones tan apremiantes como las que estamos sufriendo los venezolanos. Desde las humillantes colas para cargar combustible que se transforman en días valiosos perdidos, pasando por la de los bancos, o las que se forman para comprar un poco más “barato” un kilo de queso, la imposibilidad de adquirir una medicina, hasta el solo hecho de no poder ver el partido donde juega la Vinotinto, porque nuestro sistema eléctrico, colapsó, son violaciones a los derechos para la dignidad humana.
La visita de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, trajo consigo nuevas esperanzas para el país, porque lo que ella vio, sintió, percibió, vivenció, no puede maquillarse: Venezuela ya no es un país, sino un territorio de sobrevivencia.
El deseo de los ciudadanos es poder vivir en paz, en condiciones normales, donde las actividades fluyan sin mayores contratiempos, donde el simple hecho de cargar combustible, no se convierta en un suplicio, donde compartir la alegría de presenciar un partido de fútbol sea una manera de sentirse bien, y no de volvernos iracundos porque otra vez, se fue la electricidad en el momento más emocionante.
Queremos que Corpoelec, vuelva a ser Vinotinto.
A.E.L.L.C.C.


