Los trabajadores buscan soluciones para poder sustentar sus gastos. El OVF destaca que las remuneraciones privadas al lado de las públicas genera una brecha en la desigualdad dentro del país
El bolsillo del venezolano sufre una dualidad monetaria en constante cambio, situación que genera incertidumbre e inseguridad. Foto cortesía de: Tal Cual.
En las últimas décadas, Venezuela ha experimentado una profunda transformación económica que ha dejado huellas indelebles en el bolsillo de sus ciudadanos. Desde una época de estabilidad y prosperidad durante el auge petrolero de las décadas de 1950 y 1970, hasta las políticas de control y redistribución impulsadas durante el gobierno de Hugo Chávez, y la posterior crisis económica.
El salario venezolano ha navegado por aguas turbulentas hasta la actualidad, en medio de este escenario la dolarización del salario ha surgido como un tema candente y controversial que no solo ha sacudido los cimientos de la economía, sino que también ha atraído la atención tanto de los ciudadanos como de los entes gubernamentales encargados del tema salarial.
La investigación minuciosa sobre las complejidades de la dolarización del salario en Venezuela, explora en profundidad sus repercusiones políticas, sociales y económicas, desde la óptica de sus principales actores y protagonistas. Los cuales han apreciado las consecuencias de la hiperinflación y la depreciación del bolívar, llevando al sector privado a pagar a sus empleados en dólares para proteger su poder adquisitivo y mantener la estabilidad financiera, generando cambios significativos en las condiciones laborales y desigualdades entre el sector público y privado.
Entre aumentos y bonos, el gobierno no acierta
El gobierno nacional aplicó a partir del 16 de marzo de 2022 un aumento en el salario mínimo de 28$, equivalente a la tasa del dólar lo que equivalía al 0,96 $ diario, algo bastante bajo para lo estipulado por el Banco Mundial, el cual establece que a partir del 1,90 $ diario representa la línea de pobreza extrema. Esto ha generado que muchos venezolanos sean considerados pobres por esta característica. Actualmente, según el Observatorio Venezolano de Finanzas (OVF) 69% de los salarios se pagan en dólares y 42,4% de los precios se fijan en esta divisa.
En junio del 2023, la tasa de inflación mensual se situó en 8,5% comparada con la de mayo, la cual se estipuló en 7,6%, según la OVF en el país. Esto indica que el proceso inflacionario sigue existiendo en el país, pero en menor medida de la que se sintió en el 2017, afectando a los trabajadores tanto del sector público como del privado y sus salarios estipulados.
El cambio de la moneda nacional (bolívar) aumentó en un 6,5%, mientras que el dólar en un 12,4%. Esto sugiere que el Banco Central de Venezuela genera presión sobre el tipo de cambio en los precios de los insumos o servicios, los comerciantes buscan deshacerse de la moneda nacional para evitar alguna devaluación e inflación vivida años atrás.
Para muchos colectivos defensores de los derechos laborales de los venezolanos, la conducta reciente del gobierno nacional es errada, al entregar a través de sus sistemas de ayudas y subvenciones, bonos y bolsas de comidas (Clap) las cuales no terminan de generar soluciones. Estos grupos de sindicatos obreros y trabajadores no creen prudente hacer ese tipo de maniobras o “ayudas” sin antes no hacer aumentos y revisiones del impacto sobre la sociedad, sobre todo porque estos supuestos beneficios no son tomados en cuenta como parte salarial, y por ende no genera incidencia en los conceptos laborales o antigüedades, lo que consideran un golpe bajo a las leyes pro trabajadores.
La economía no se frena
Todos los experimentos fallidos e intentos de control gubernamental sobre el salario hacen que el ambiente salarial mute y genere otras alternativas, que puedan paliar un poco el ingreso de los trabajadores. La empresa privada, economía informal y sectores de emprendimiento han adoptado un sistema paralelo, al margen de la legalidad, sobre el pago de salarios en moneda extranjera. Por esa razón, todos los ciudadanos que, de alguna u otra manera reciben remuneraciones o pagos en dólares, pueden experimentar mejoras en su poder adquisitivo; sin embargo, surge la desigualdad entre aquellos con salarios dolarizados y los que por su realidad no tiene ninguna posibilidad o acceso a ellos (empleados públicos).
Esta circunstancia salarial en dólares genera desafíos y consecuencias en políticas regulatorias, las autoridades enfrentan el reto de revisar y controlar ese fenómeno constantemente, pues afecta el sistema monetario y fiscal de la nación, así como la estabilidad económica del país, que lo posiciona en un tema de suma importancia para los entes reguladores de las políticas económicas y laborales de Venezuela.
El bajo poder adquisitivo del venezolano, sus oportunidades de crecimiento de la mano con el tema salarial, junto con la crisis económica, han llevado a una importante migración de venezolanos en busca de mejores oportunidades en otros países, es por este motivo que ese proceso desigual de dolarización del salario ha influido en los flujos migratorios.
Las leyes no siempre regulan
En situaciones normales, la respuesta de la legislación, los tribunales y organismos reguladores buscan con sus decisiones equilibrar los fenómenos que influyen masivamente en la sociedad; no obstante, en el país, estos organismos no han podido desarrollar políticas coherentes motivadas a los constantes cambios de los decretos presidenciales.
Los trabajadores exigen mejores condiciones laborales y salariales. Foto cortesía de: El Diario.
Para la abogada Darcy Pérez, inspectora del Trabajo del estado Mérida, en los últimos años, la legislación laboral ha sufrido adaptaciones sustanciales para enfrentar el tema de la protección del salario de los venezolanos: “anteriormente, se consideraba a los trabajadores como el «débil jurídico», pero en nuestra opinión, también son el «débil económico», ya que son los más afectados por situaciones como bloqueos o fluctuaciones del dólar, que impactan fuertemente en el país. La clase trabajadora no puede escapar de la realidad, especialmente en la administración pública, donde se puede observar claramente. Tenemos evaluaciones diarias que demuestran que el sector privado no paga un salario mínimo; aquí ninguna entidad del sector privado aplica un salario mínimo a los trabajadores, a diferencia del sector público, donde todavía se mantiene”, afirma la funcionaria.
Pérez alega que, entre los principales desafíos que enfrenta el Ministerio a través de los decretos presidenciales de este año 2023 con los trabajadores venezolanos, en el contexto de la dolarización del salario y la crisis económica, fue intentar vincular el beneficio de alimentación al dólar. Sobre este punto la inspectora Pérez indica que “anteriormente, debido a la fluctuación del dólar, el salario se devaluaba rápidamente y los trabajadores perdían poder adquisitivo en cuestión de días, a pesar de los aumentos salariales decretados. Para proteger a los trabajadores de esta situación, se creó la medida de vincular el beneficio de alimentación al dólar y la entrega de bonos a través del sistema patria”; sin embargo, esta prueba tampoco ha dado resultados efectivos.
Uno de los mayores problemas colaterales que sufren los trabajadores venezolanos es el no reconocimiento de la progresión de sus prestaciones sociales. Como consecuencia de una salario mínimo casi simbólico decretado por el gobierno, tanto los empleados públicos como los empresarios solo reflejan en sus recibos de pago, y por ende en sus sistemas de prestaciones de antigüedad, el salario considerado oficial, que suele quedarse en la nada con el pasar de los meses. Esto desintegra los montos acumulados por las personas durante años y que han significado históricamente un ahorro para los trabajadores en su retiro o jubilación: “no podemos ignorar que un trabajador con salario mínimo enfrenta dificultades para vivir adecuadamente. Por lo tanto, es fundamental que estas entidades tomen conciencia y reflejen en los recibos de pago lo que realmente el trabajador percibe. El artículo 105 de la Ley Orgánica del Trabajo, los Trabajadores y las Trabajadoras (LOTTT), establece ciertos conceptos no salariales, pero al momento de liquidar vacaciones o utilidades, afectamos a los trabajadores con montos irrisorios que no les permiten disfrutar de su tiempo de descanso como dicta la ley”, advierte Pérez sobre este modus operandi tanto de empresas como de los organismos estatales y públicos.
“El control de cambio nos carga locos”
Richard Contreras tiene un puesto de venta de verduras en una urbanización de la ciudad de Mérida: “nosotros recibimos y damos bolívares, dólares, pesos y lo que sea. La gente debe comprar y nosotros debemos vender, así que uno se va adaptando. Es una locura de verdad, un día amanece a un precio y el día siguiente a otro; incluso, en el mismo día cambia una o dos veces, ese control de cambio nos carga locos”.
El fenómeno cambiario en Venezuela suele manejarse o fluctuar de manera oficial (por la tasa establecida por el Banco Central de Venezuela) y extraoficial (a través de portales web privados) con una amplia diferencia entre ambas, tomando el ciudadano de a pie la referencia más alta o la de mayor valor para proteger su economía. Esta circunstancia ocasiona una constante incertidumbre sobre las tasas cambiarias dentro de la población, que a pesar de sus niveles sociales ha consolidado un proceso de adaptabilidad a esa fluctuación constante.
Los vendedores informales logran adaptarse a las fluctuaciones cambiarias en detrimento de su ejercicio económico. Foto: Fabián Ramírez.
Para este vendedor informal de alimentos, es cotidiano manejar en un solo día tasas cambiarias fluctuantes. “aquí los proveedores de la zona baja venden en dólares o en pesos, los del páramo solo en dólares, algunos del valle del Mocotíes también en pesos o dólares, solo los de la ciudad de Mérida reciben bolívares; pero los clientes, pagan en todas las demás y quieren que se les reciba bolívares, a lo que uno no se puede negar, porque con las pocas ventas y la competencia, no podemos decirle que no a una señora que viene y paga por punto o por pago móvil. Yo tengo que recibirle los bolívares, después ya veré cómo hago para comprar los dólares, a veces hasta salgo perdiendo, pero uno prefiere perder o salir tablas, antes de que el cliente se vaya”, comenta Contreras con un tono enérgico que representa para él el ambiente que produce esta realidad.
Toda la población venezolana, queriendo o no ha tenido que hacer esta adaptación sistemática y diaria con relación a la fluctuación, los más afectados son las personas analfabetas, jubiladas y adultos mayores (que reciben pensiones a través de cuentas bancarias). Estas personas no cuentan con la habilidad necesaria para hacer las conversiones de la moneda de manera práctica e inmediata y suelen apoyarse en algunos familiares o simplemente buscar establecimientos que reciban bolívares.
Para el sector laboral público o dependiente del Estado, “la situación ha sido compleja”, así lo comenta el Lic. Carlos Moreno, quien se desempeña como profesor de la Universidad de Los Andes, pues a todos los docentes pertenecientes a las instituciones públicas se les paga sus salarios en bolívares. Como ya se ha explicado, la mayoría de los precios y transacciones de los bienes se ven reflejadas actualmente en dólares, incluso los alquileres de viviendas, tal y como lo narra el profesor Moreno “en mi caso personal, yo soy una persona que vive en una residencia donde pago alquiler y para pagar solo me aceptan dólares, por lo tanto al cobrar tengo que correr a comprar divisas en el mercado negro y no al Banco Central de Venezuela, lo que me hace perder dinero sino logro conseguir las divisas de manera rápida”.
Los empleados públicos, y en este caso los docentes, son uno de los más afectados con el tema cambiario, cada vez su poder adquisitivo es menor, compran menos ya que siguen cobrando en bolívares, lo que los lleva a buscar otras opciones, como “matar tigritos” o cohibirse de comprar algunas cosas. Moreno ha tenido que tomar otro tipo de medidas alternativas: “en nuestro hogar optamos por crear un emprendimiento de comida en el que todos colaboramos, sacrificando tiempo y trabajando hasta más de 8 horas adicionales a las de nuestro horarios habituales. En algunos meses podemos comer una sola vez pollo a la semana, ya no se compra queso amarillo o jamón, como se solía hacer en otros tiempos, y los huevos los distribuimos en el mes para tratar de comer algo de proteína, no nos alcanza para cubrir los gastos básicos como ropa, educación, recreación, entre otros”.
Estos son sacrificios que, como Moreno, muchos trabajadores del sector público deben realizar sí o sí para lograr subsistir en el mes. Los efectos de estas faltas y carencias en la alimentación de los venezolanos, se puede observar a simple vista en la disminución de las tallas y peso de los ciudadanos, pues al no tener una dieta balanceada se pueden ver estos cambios tanto en las prendas de vestir como en el semblante de muchas personas.
Todo lo anterior corrobora cómo este efecto de la dolarización, que se vive actualmente en el país, no constituye un beneficio para el sector público que percibe un salario mínimo, sino más bien una suerte de supervivencia de esta clase obrera en Venezuela.
Para el caso de los trabajadores de empresas privadas, que quizás tienen salarios un poco más ajustados al dólar fluctuante, pueden de manera inmediata paliar algunas de sus necesidades básicas; sin embargo, presentan otra problemática con relación a sus prestaciones sociales o estabilidad laboral para el momento de retirarse de sus empleos, ya que son coaccionados a firmar contratos a ciegas, recibos irreales, y otros documentos como renuncias anticipadas, entre otros. Estas estrategias expresan cantidades y montos salariales irreales que no se corresponden con sus antigüedades o años de servicios, dejando de lado sus prestaciones laborales dentro de la fuente de empleo.
Día a día el venezolano vive una crisis económica que afecta a todos en diferentes estratos sociales, unos más que a otros, generando esa brecha desigual para muchos, quienes se encuentran luchando para sobrevivir e intentando mejorar su calidad de vida.
Por todas estas razones, este panorama de la dolarización del salario se ha convertido en un tema candente y altamente controversial y ha sacudido los cimientos de la economía venezolana. Esta transformación no solo ha llamado la atención de los ciudadanos, quienes ven en el dólar un refugio para mantener su poder adquisitivo, sino que también ha sido objeto de análisis minuciosos por parte de las autoridades encargadas de regular y supervisar el sistema salarial.
Hemos intentado reflejar las complejidades de la dolarización del salario en Venezuela, explorando en detalle sus repercusiones políticas, sociales y económicas a través de vivencias y experiencias de los protagonistas clave en este escenario. Tanto el sector privado como el público han sentido el impacto de la hiperinflación y la depreciación del bolívar, que los ha llevado a adaptarse a una nueva realidad económica.
La dolarización del salario en Venezuela es un fenómeno complejo que continuará evolucionando y desafiando las estructuras económicas tradicionales. En medio de la incertidumbre, los venezolanos se seguirán adaptando a paradigmas financieros que busquen proporcionar estabilidad en un contexto de turbulencia. Sin embargo, a medida que el país avanza en este camino incierto, sólo el tiempo revelará las implicaciones a largo plazo de esta transformación en el contexto económico y social de Venezuela.
REDACTORES
Fabián Ramírez Amaral
María Alejandra Ramírez
Ganadores del Premio Estudiantil de Periodismo de Investigación “Juan Manuel Fernández”, edición año 2023* 1er Lugar Mención Reportaje de Investigación
03-07-2024



