En Comunicación Continua nos proponemos hacer una serie de entregas sobre la vida de los médicos en nuestro Estado. Son historias contadas con toda la realidad sentida de esos profesionales que luchan día a día por superar las adversidades de ejercer su profesión en esta Venezuela en crisis.
Trasnochos, ojos cansados, compasión por sus pacientes, inmensos deseos de ser magos para arreglar todos los problemas de salud.Hacen guardias extenuantes, en las que apenas pueden dormitar! Son tantas las situaciones dolorosas a las que tiene que enfrentarse un médico en el ejercicio de su profesión!. Las noches se hacen muy largas tratando de calmar los sufrimientos de quienes esperan de ellos milagros. Los días, en cambio, son muy cortos para pasar consulta, y tratar de vivir una vida propia, su familia, para lo cual hay poco tiempo. Así, es la existencia del médico. Uno de los profesionales que junto a la enfermería se ofrecen a los demás, sin egoísmos y por enteros y al final, por lo general, recibir como agradecimiento, el consabido ¡Qué Dios me le pague! Pero para ellos, los que tienen disposición, esa frase es más que suficiente.
Esta profesión de entrega, sabiduría, paciencia y amor al prójimo, en Venezuela, está siendo irrespetada. Los médicos que trabajan en hospitales públicos y centros de salud en general, están percibiendo salarios de hambre, y encima, las condiciones infrahumanas en las que tienen que desarrollar su titánica labor.
Conversamos con la doctora Linda (el nombre no es el verdadero, porque ella, por razones obvias no quiso ser identificada) aclaró que “no se puede decir nada malo del gobierno porque inmediatamente te sancionan. Aquí, la verdad ofende-explica. La doctora nos relata que, a veces, le dan ganas de ponerse a llorar. Los pacientes llegan con un dolencia, y yo lo único que puedo hacer es revisarlos y darles cariño y comprensión , porque ni les puedo tomar la tensión, una cuestión tan básica, porque hace más de 6 meses no hay dotación de equipos y el tensiómetro que teníamos, por el uso se echó a perder.Aquí, en este centro, yo trabajo con gente muy humilde, si detecto por los síntomas, una crisis hipertensiva, cómo le prescribo al paciente una medicina que cuesta 1.500 mil bolívares. Entonces además de anotar en el récipe el costoso medicamento, o” busque algo parecido”,le recomiendo que se coma una cabeza de ajo diario, y tome perejil con limón en ayunas, que son “muy buenas para controlar la tensión”. Y es que hay que echar mano de todo lo que esté a nuestro alcance para tratar de mejorar la salud del paciente. Así sea recurriendo a la medicina natural, que también da resultados. Algunos de mis colegas me critican y me llaman la médica bruja, pero yo no les hago caso, a menos ante la gravísima situación del sector salud, es mejor algo que nada.
Al preguntarle por sus condiciones salariales, responde con una sonrisa dulce y casi resignada”! los que gano mensualmente no me alcanza ni paracomprar un kilo de queso, y menos un cartón de huevos. Sobre vivimos gracias a la unión familiar. Mis padres, mis hermanos y yo, hacemos un pote y de allí sacamos para los alimentos, es lo único.
Con esta respuesta dejamos lasalitadonde pasa consulta la doctora. Afueramucha gente estáesperando por recibir ayuda para un problema de salud .Niños llorando, señores tosiendo, envueltos en cobijas y con sombreros .Una señora con una pierna hinchada. Una embarazada a punto de parir. Y nuestra querida doctora, tendrá que enfrentarse a ese escenario desolador, contando solamente con sus manos cariñosas, su inteligencia, su formación de la Escuela de Medicina de la ULA, su gran vocación de amor y su fe inquebrantable en que este pandemonium se va a arreglar”




