Miranda es una niña preciosa e inteligente de seis años. Tiene un cabello churrito y unos ojitos negros muy vivaces. Le gusta pintar, reír, jugar con sus muñecas, leer. Una tarde llegó a su clase de inglés y le dijo a su profesor con carita de inquietud:
-Teacher, tengo algo que contarte.
-Ante la seriedad de la niña, el profesor preguntó: Dime, Miranda, ¿de qué se trata?
-Ayer mudé un diente, y tal como debe hacerse, lo puse debajo de la almohada para que el Ratoncito Pérez, se lo llevara y me trajera, a cambio, el dinero correspondiente, pero esta mañana, apenas abrí los ojos, revisé muy bien, y nada. No había ni monedas, ni billetes.
—Entonces… ¿Qué crees tú que puedo haber pasado? El Ratoncito Pérez no falla en sus entregas, expresó el maestro.
—Pues, le pregunté a mi mamá y ella que estaba preparando el desayuno, vino hacia mí, me abrazó, me dio un beso y me dijo:
—No te preocupes, mi niña, es que el Ratón Pérez me hizo una transferencia y ya tengo el dinero en mí cuanta. Lo que pasa es que hay problemas de efectivo en el país. Cuando salgamos lo podemos gastar en lo que tú quieras, ¿tal vez un helado? ¿Qué te parece?
Con esa acertada explicación, la incertidumbre causada por desconocer el paradero de los premios en monedas que suele traer el mítico Ratón Pérez, quedó aclarada, y la linda Miranda, está esperando con paciencia el momento apropiado para “invertir” su dinero. Obviamente, entendemos que la ausencia de la retribución por su diente, generó en ella, cierta preocupación, pero menos mal, ahora, gracias a lo que le sucedió a Miranda, sabemos que el Ratoncito Pérez, ya sabe hacer transferencias bancarias y las realiza para no quedar mal con los niños que confían en él.
Inocencia a flor de piel
Creer en el ratón Pérez, en el Niño Jesús, en San Nicolás, o en los Reyes Magos, es algo maravilloso porque preserva la tierna ingenuidad de los más pequeños. Los niños son seres que simbolizan la inocencia, la pureza, la esperanza, la vulnerabilidad. Necesitan de la atenta guía y protección de sus mayores, de las personas responsables de su educación en el seno de la familia: padres, madres, abuelos, que tienen el deber de velar por ellos para que crezcan en un ambiente, sano, agradable, lleno de armonía y cuidados. Este entorno, que podríamos llamar ideal, no siempre se logra por muchas razones, cuyo análisis sería materia para otro artículo, pero en la mayoría de los casos, por muy precaria que sea la situación del infante, siempre habrá una figura parental que se desviva por atender, aunque sea, las necesidades básicas del niño. Un ejemplo fehaciente está representado en la gran cantidad de madres venezolanas que han tenido que criar a sus hijitos solas y allá van… con sus niños a cuestas, bajo el sol inclemente o la lluvia pertinaz, pero siempre, abrazando el pequeño cuerpecito para darle todo su cariño y protección.
Todo a su tiempo
La magia, los mitos, las ilusiones, forman parte de la vida de nuestros hijos y solo cuando van creciendo todo eso se va difuminando y desapareciendo. No hay que apurar los tiempos. Ellos van a desarrollarse, irán madurando y dejando atrás esas ficciones que los han acompañado durante sus primeros años.
En este mundo tan convulsionado y perturbador, en el que estamos viviendo, donde los valores morales se han trastocado hasta el punto de intentar forzar el despertar de la sexualidad en los niños desde muy tempranas edades, y otro tipo de aberraciones que se pretenden imponer para la crianza de los niños, nos preguntamos: ¿Cuánto tiempo les queda para vivir sus fantasías? ¿Para ser príncipes y princesas de cuentos de hadas? La etapa de la niñez, dura muy poco, entonces hay que dejar que su mundo especial donde habitan, sin estorbar, duendes, hadas, dragones y brujas vaya dando las vueltas que tiene que dar.
Debemos permitirles, conservar su inocencia y no forzar las etapas evolutivas con todo tipo de tergiversaciones como está sucediendo hoy en día. Tiempo tendrán de hacerse mayores, e irán aprendiendo por sus propias experiencias. ¡Ya la vida se encargará de enseñarles!
Muchas madres se preguntan si sería conveniente decirles la verdad sobre estos temas a los niños cuando vemos que se van haciendo mayores, o dejar que lo descubran solos. Una amiga, psicóloga infantil, María Luisa, señala: “Pienso que lo más saludable es dejar que crean en sus fantasías, hasta que se sientan preparados y maduros para dejar de hacerlo. Ellos mismos, en algún momento, abrirán las ventanas para que esos seres inmateriales se vayan al país de “nunca jamás”. Ese día llegará, se los aseguro.
Mirko Badiale, escritor y filósofo italiano, es el autor de esta frase tan maravillosa. «En cada niño se debería poner un cartel que dijera: Tratar con cuidado, contiene sueños”.
¡Feliz día a todos los niños , los queremos mucho¡
Redacción: Arinda Engelke.
16-7-2023



