Un acto de fe democrática en tiempos adversos

Por: Angélica Villamizar…

Las recientes elecciones universitarias en la Universidad de Los Andes (ULA) no fueron solo un proceso para elegir representantes estudiantiles, fueron un acto de resistencia cívica, un masterclass práctica sobre el verdadero significado de la democracia y un testimonio crudo de la agonía a la que ha sido sometida la educación pública venezolana.

Es triste pensar que una institución de la talla y la historia de la ULA, pilar del pensamiento crítico y científico del país, reciba del Estado un presupuesto que es, en la práctica, nulo para cubrir procesos eleccionarios. En cualquier democracia funcional, la garantía de elecciones libres y autónomas es un deber incuestionable del Estado. Aquí, se ha convertido en una carga que recae sobre los hombros de una comunidad académica ya exhausta.

Y es aquí donde reside la grandeza de este proceso. Ante la absoluta desidia estatal, la ULA no claudicó. Lo que hemos presenciado es el surgimiento de un modelo de autogestión democrática. Sin recursos, sin logística provista, fue la comunidad universitaria en su conjunto quien tejió, desde las bases, el andamiaje de su propia legitimidad. Fueron los estudiantes, con un idealismo que desafía el cinismo de la época, quienes donaron su tiempo, su energía y hasta los recursos más básicos. Fueron los profesores y el personal administrativo y obrero, quienes, a pesar de recibir salarios de hambre, aportaron su experiencia, su trabajo y un compromiso inquebrantable con la autonomía.

Este esfuerzo nos demuestra que la democracia no es un ritual que se practica cada cierto tiempo en un recinto acondicionado. La democracia es, ante todo, voluntad colectiva. Es la decisión de un pueblo –en este caso, la comunidad universitaria– de autogobernarse, de deliberar y de elegir a sus líderes, incluso cuando el sistema hace todo lo posible por impedirlo. La participación de los jóvenes en estas elecciones es un mensaje claro, ellos no han internalizado la derrota. Rechazan la narrativa de la apatía y exigen ser protagonistas de su destino académico, que es, en última instancia, el destino del país.

La crisis presupuestaria es un reflejo de la crisis nacional; la resistencia y la autogestión son un modelo a seguir para la reconstrucción democrática del país. Estos jóvenes que hicieron cola para votar, que fiscalizaron mesas con lapiceros propios, que defendieron el acta de escrutinio, están practicando la ciudadanía en su estado más puro. Están aprendiendo que los derechos no se suplican, se ejercen.

La democracia se defiende en el día a día, en los espacios concretos, con el esfuerzo de muchos. La ULA, con sus elecciones autogestionadas, ha dado una lección de civismo. No le pidieron permiso al poder para ser democráticos; simplemente, lo fueron.

No hay mejor manera de valorar un derecho que cuando se tiene que luchar por él. Y hoy, la ULA nos demuestra que, incluso con las manos vacías, se puede construir democracia. El futuro, si ha de haberlo, dependerá de que esta lección no quede entre las paredes de la universidad, sino que se multiplique en cada rincón de la nación.

06-11-2025 (153-2025)

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