Un Acto por la Paz Global

Esa mañana de mayo se mostraba particularmente fría para la temporada; no parecía verano. Mientras tanto, el sol se abría paso entre las nubes y los padres llegaban para participar en la oración por la paz del colegio UWC Dilijan.

El coordinador de la actividad ultimaba detalles, entre ellos señalar la posición de los oradores en el círculo central del campo de fútbol y el momento en que debían intervenir.

Esta iniciativa surgió para expresar la necesidad de desplegar “puentes” de verdadera fraternidad y paz entre los pueblos del mundo, y una forma de hacerlo fue a través de la viva voz y el sentir de los estudiantes de la promoción 2024-2026, quienes encontraron en Dilijan un espacio, un hogar para moldear “mentes globales, corazones abiertos”.

Fueron diversas las manifestaciones de paz en la actividad: oraciones, poemas, plegarias y reflexiones que buscaban evidenciar, mediante un acto sencillo, genuino y voluntario, que la paz surge de los hombres que apoyan a sus semejantes sin esperar nada a cambio.

En el acto se hizo énfasis en que, para lograr un buen entendimiento como ciudadanos del mundo, las creencias, dogmas o formas de concebir la vida jamás deberán prevalecer sobre la búsqueda del bienestar común.

El valor y sentido de esa mágica mañana estuvo en que la comunidad del colegio se alineó para decir basta de intolerancia, de disputas estériles y de supremacía racial.

La paz se promueve con tolerancia ante quienes piensan diferente, pues ninguna posición o enfoque deberá prevalecer sobre otros; sencillamente son complementarios, y es eso lo que echa los cimientos de una hermandad duradera y sin condiciones.

La mañana empezó a tornarse radiante durante la oración; las montañas alrededor del campus mostraron su mejor verdor y las nubes se disiparon en el azul del firmamento. Fue el escenario propicio para proseguir con la programación, que consistió en la siembra de un árbol.

La comunidad UWC Dilijan quiso rendir un homenaje sencillo pero sentido al primer estudiante guatemalteco egresado del colegio. Su familia y compañeros no pararon de aplaudir y aclamar con vítores mientras, flanqueado por dos amigos, agregaba tierra al pino con una pala.

Al mediodía, padres y estudiantes departieron en la cafetería en medio de una atmósfera de fraternidad y familiaridad. Los idiomas se mezclaban con expresiones a veces incomprensibles; sin embargo, hubo un lenguaje común: el de la alegría y el orgullo porque los chicos alcanzaron sus metas académicas y, además, porque forjaron vínculos que van a perdurar hasta el fin de los tiempos.

Las maravillosas vivencias de los estudiantes durante los dos años de estudio también sirvieron para el acercamiento entre sus familias, sin importar cuán distantes estuviesen o qué tan diferentes sean sus culturas y creencias. Esta es la mejor demostración de que la paz surge en espacios diversos, ante situaciones cotidianas y a veces pintorescas, pero siempre orientadas por acciones naturales y simples.

Antonio Rivas

Especialista en Desarrollo Sostenible y Turismo comunitario y rural.

30 de junio del 2026

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30-06-2026