Por: Ramses Uribe…
El tema de la fuga de venezolanos es algo doloroso por su impacto actual en la sociedad y por lo que representa para cada familia que de alguna manera está padeciendo su efecto adverso. Prácticamente se está coartando el futuro de una porción del país al diluirse en la nada tantas ilusiones y proyectos de vida de jóvenes, profesionales, empresarios y familias que se separan forzosamente.
En 3 artículos anteriores en esta misma página web, referidos al mismo tema de la migración de connacionales, hemos presentado algunos datos estadísticos de investigadores de universidades como la USB, la UCAB, entre otros, porque el gobierno no suministra datos precisos al respecto.
Otros datos recientes los suministra la socióloga Claudia Vargas de la Universidad Simón Bolívar (USB), la población se está marchando porque lamentablemente no puede satisfacer necesidades básicas de alimentación y salud. Amnistía Internacional, “advierte que se trata de una crisis de derechos humanos que dejó de ser interna y afecta a la región. La “movilización masiva tomó desprevenida a la comunidad internacional. Los emigrantes venezolanos se van por razones extremas. Más de 550.000 venezolanos de los 4 millones que se calcula que han emigrado, se han trasladado a Colombia, aproximadamente la misma cantidad de refugiados sirios que han sido acogidos en Jordania…” (Diario El Nacional, 18 de febrero de 2018).
¿Cuáles son las alternativas?. Se puede intentar algunas soluciones contra la emigración venezolana desde varios frentes: el social, el filosófico, el universitario, el gubernamental.
Filosófica. En anteriores artículos hemos planteado la búsqueda y estudio y práctica filosófica, como una de las alternativas distintas, económicas (baratas) y sencillas, para la población en general y migrante en particular, debido a la manera como se están yendo fuera del país. Espiritualmente hay que brindar esperanza a nuestra gente para mitigar lo más posible su sufrimiento, como lo afirma Hebreos 6:19, la esperanza la tenemos como ancla del alma, confiando con fe en Dios. Indudablemente la falta de educación y reflexión adecuada previa a una acción de este tipo, es algo que tendría que hacerse para no chocar con el duro pavimento de la realidad muy exigente que existe en otros países, y que desconoce y no está preparado el migrante. Sólo basta con revisar las noticias de compatriotas que están siendo deportados, delinquen, cometen faltas o simplemente regresan derrotados por su imposibilidad de adaptación a una nueva vida, debido a su escasa preparación intelectual, moral y espiritual.
El venezolano de hoy día, no posee una cultura universal ni mucho menos está habituado históricamente a viajar conociendo otras costumbres, pues estos años prácticamente ha ocupado buena parte de su tiempo en sobrevivir a esta difícil situación país. Se le arrebató una buena educación, salud y bienestar material y espiritual. Como afirma categóricamente Aristóteles, los medios de que dispone el alma para la realización de las virtudes del espíritu son: la inteligencia, el arte, la ciencia, la prudencia y la sabiduría. Estos están casi fuera del alcance del ciudadano promedio venezolano y por tanto es menester reincorporarlos a nuestro ser, para estar otra vez completos como personas.
Universitario. Las universidades están tratando este asunto con una de las herramientas más poderosas y efectivas que hay, el conocimiento, la investigación, la extensión y la asesoría, y la difusión de sus resultados. Por ejemplo la Facultad de Arte realiza subastas de piezas artísticas de miembros de la comunidad universitaria. También se adelantan sendas campañas en pro de combatir este flagelo social con encuentros de los universitarios por medio de Foros académicos donde se plantea como tema fundamental, ¿por qué quedarse en Venezuela?. Hay que sumar a estas importantes iniciativas académicas, otras como las que aportamos en Apula en el 2015, tales como el establecimiento de alianzas estratégicas entre universidad y entes multilaterales, entre otras soluciones. Además hay que dar un paso más firme y certero a través de la solidaridad del pueblo y de los ulandinos, por ejemplo, con el congelamiento de alquileres de parte de propietarios y las autoridades competentes, financiamiento o créditos, la adopción virtual de jóvenes estudiantes en hogares merideños para que no sean explotados por comerciantes inmobiliarios inescrupulosos, etc.
Social. La sociedad puede a través de asociaciones vecinales o comunitarias, organizaciones no gubernamentales, gremios profesionales o de trabajadores, voluntarios, iglesias, asociaciones deportivas, culturales, entre otros entes sociales, promover no sólo y no tanto discusiones, investigaciones con propuestas sobre el tema como la hacen las universidades, sino adelantar acciones directas de solidaridad, de primera mano, en cada urbanización, barrio o sector, en donde a través de un diagnóstico se pueda detectar la población más vulnerable en esta crisis, a fin de darle un apoyo espiritual, humano, deportivo, cultural, económico, afectivo, de orientación y seguimiento, para evitar, prevenir o al menos intentar persuadirlo para que se quede en el país.
El gubernamental. Es el sector complementario de los otros entes mencionados líneas arriba. En todo el territorio nacional, el gobierno contribuye muy poco o casi nada en resolver esta seria situación demográfica. Se les recomienda mayor sensibilidad social y desarrollar políticas que proporcionen un mayor nivel y calidad de vida a todos los ciudadanos sin distingo político, social o de género. De nuevo Aristóteles acusa en su libro “Política,” lo que debe ser el Estado (todos los ciudadanos e instituciones) es una asociación para vivir bien dentro de las familias, con relaciones civiles y políticas, y tiene por objeto una existencia satisfactoria y perfecta.
Ramsés Uribe, profesor ULA, Nuvm.
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