Un buen negocio: dudas

Por: German Rodriguez Bustamante…

En el complejo conflicto venezolano actual, la economía se encuentra en una profunda encrucijada macroeconómica. Por un lado, se vive un boom petrolero histórico impulsado por la apertura de mega-concesiones, a capitales internacionales como NABEP y expansiones de firmas americanas. Por el otro, el ciudadano de a pie y el sector no petrolero enfrentan una altísima devaluación del bolívar, una inflación de tres dígitos y constantes fallas de infraestructura de servicios. Bajo la teoría económica de la empresa y las metodologías Lean Startup, un buen negocio en Venezuela hoy, debe estructurarse como una operación de supervivencia y captura rápida de valor.

La transparencia en el proceso de apertura actual en Venezuela, es el tema central del debate económico, político y jurídico. Aunque los recientes mega pactos petroleros y energéticos, representan una masiva inyección de capital potencial, la manera en que se están gestionando ha encendido las alarmas de diversos sectores, debido a la falta de licitaciones públicas y la opacidad en los términos de los contratos. El histórico acuerdo firmado por la administración de Delcy Rodríguez con la empresa NABEP, que otorga concesiones por hasta 100 años sobre 17 campos petroleros (65.000 millones de barriles de reservas), se concretó bajo una estructura opaca y sin licitación pública previa. Luego la empresa con el contrato en mano, establece una acuerdo con la administración Trump, agregando mayor oscuridad y condiciones inaceptables para Venezuela.

La sociedad venezolana se ha enterado de las condiciones regulatorias a través de las hojas informativas de la Casa Blanca. Hasta el momento se desconoce muchos elementos, los contratos completos no son públicos y ni siquiera se conoce oficialmente la lista con los nombres exactos, ni la ubicación de los 17 campos adjudicados. Tras las reformas a la Ley Orgánica de Hidrocarburos hechas este año, se amplió la discrecionalidad del Ministerio de Petróleo. Ahora basta con la autorización presidencial para refrendar estos convenios, reduciendo drásticamente el control y la aprobación previa de la Asamblea Nacional, lo que viola la constitución. La organización Transparencia Venezuela alertó formalmente que esta apertura económica, corre severos riesgos de realimentar redes de corrupción y opacidad, si no se corrigen las debilidades institucionales y se publican abiertamente los beneficiarios finales, de cada consorcio y convenio establecido. Para el entorno empresarial actual, el mensaje es claro: mientras el flujo de dinero empieza a moverse hacia contratistas y sectores de logística petroleras, las bases legales de la apertura carecen de los estándares internacionales de datos abiertos y auditoría pública. Colocando al negocio en riesgo, de ser afectado con reversiones futuras por no cumplir con estándares legales nacionales e internacionales.

El impacto real y los beneficios para la gente tras el giro político y la masiva apertura económica en Venezuela, son el foco de un intenso debate nacional. Mientras la retórica gubernamental promete una transformación total del país, analistas económicos independientes y consultoras locales advierten que los beneficios en el bolsillo del ciudadano no se sentirán de inmediato. Una narrativa de prosperidad construida como espejismo, que muy pronto se disipará. Debido al profundo deterioro estructural, los efectos directos tardarán en filtrarse a la economía familiar. Sin embargo, la proyección del impacto social se divide entre promesas oficiales, oportunidades de mercado y serias dudas de infraestructura. La coalición de delincuentes en el poder, asegura contar con un plan nacional para destinar las regalías y nuevos ingresos fiscales a la reconstrucción de las escuelas, la vialidad, los hospitales y el deteriorado sistema de agua, sin embargo existen dudas razonables, ya que fueron ellos mismo quienes gestionaron la destrucción de la infraestructura.

Tras décadas de colapso, el flujo de financiamiento de contratos energéticos busca estabilizar de manera crítica la red eléctrica nacional. No obstante, expertos advierten que reparar la infraestructura base tomará por lo menos un año antes de que la población perciba, que disminuyen los cortes de luz. Existe una promesa con la apertura oscura, la reactivación de 17 yacimientos estratégicos y la llegada de contratistas transnacionales demanda mano de obra calificada (ingenieros, técnicos, obreros), con salarios indexados en dólares muy superiores al promedio nacional. El reporte del sector petrolero estima incrementos masivos de ingresos, lo que aumentará la circulación de divisas en la calle. Esto impulsará el consumo en negocios de comida, transporte, servicios digitales y logística de negocios. Pero de no informarse en detalle sobre el negocio diseñado, la oferta puede convertirse en otro espejismo. Rio crecido de ilusiones que viene surcando la mente de los venezolanos desde el 03 de enero.

La narrativa de Trump presenta el pacto con la firma North American Blue Energy Partners (Nabep), y la entrega de acciones al Departamento de Defensa como una jugada maestra, para estabilizar los precios de la gasolina en Estados Unidos. Su narrativa es transaccional: hicimos el mayor acuerdo petrolero de la historia. El discurso estadounidense justifica la concesión de 100 años argumentando que, si Estados Unidos no tomaba el control de esos 17 campos estratégicos, estos habrían quedado definitivamente en manos de potencias rivales como Pekín o Moscú.

En paralelo la narrativa de la banda de delincuentes, vende el mega pacto como la capitulación definitiva de las sanciones económicas norteamericanas. Rodríguez argumenta que el acuerdo demuestra que el mundo necesita el petróleo venezolano, y que el país logró doblarle el brazo a Washington sin ceder su identidad política. Enfatiza que este paso representa una apertura pragmática, hacia el capitalismo global para garantizar la paz interna, asegurando que Venezuela es un socio comercial confiable a largo plazo, independientemente de las diferencias constitucionales. Lo cierto, es que es la continuidad de un proceso de saqueo de los recursos del país, con la misma opacidad y corrupción. Un buen negocio para Trump y su cleptocracia, para Los Rodriguez y sus testaferros, y muy mal negocio para los venezolanos.

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07-09-2026

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