Por Germán Rodríguez Bustamante…
Nuestra solidaridad total y absoluta con los venezolanos y especialmente con aquellos que perdieron familiares y vecinos, en esta tragedia que enluta a todo el país. Eventos naturales de este tipo son difíciles de predecir, anticipar o prever, pero sí es responsabilidad del Estado contar con protocolos técnicos, medidas y organismos especializados para mitigar sus impactos. Teniendo en cuenta las realidades geofísicas presentes en el territorio y los hechos históricos ocurridos, que mostraron las huellas de tales eventos naturales, sean vaguadas o movimientos telúricos. La vulnerabilidad del país se ha agravado notablemente por la falta de infraestructura de soporte robusta, por un desarrollo urbanístico descontrolado en zonas de ladera y cuencas, y el impacto de políticas públicas deficientes.
Tristemente, la precariedad de los servicios públicos presentes ya producían un impacto multidimensional, que paralizó en parte la economía, deterioró la salud física y mental, y profundizó la pobreza estructural. El colapso del sistema eléctrico nacional, actuó como un impulsor que anula el funcionamiento de los demás servicios básicos. En este contexto de fragilidad institucional y estructural, se presenta un evento natural que desnuda una cruel realidad. La precariedad previa de los servicios públicos en Venezuela actúa como un multiplicador de desastres. Al presentarse el evento sísmico doble, el colapso de los servicios no es una consecuencia posterior, sino un factor que anula la capacidad de respuesta inmediata y eleva drásticamente la cifra de víctimas.
Lo ocurrido no puede utilizarse como elemento para alimentar la polarización, o como máscara para ocultar realidades previas. Desafortunadamente lo mostrado por las imágenes es desastroso, y desnudan la precariedad de la estructura institucional para afrontar eventos naturales graves. Los terremotos evidenciaron con claridad la inexistencia de canales informativos estatales, la información fundamentalmente se realizó por ciudadanos preocupados y desesperados, ante el riesgo de su vida y la de sus familiares. Agravada la difusión en tiempo real, por la debilidad de las radiobases de telefonía móvil, las cuales dependen de la red eléctrica nacional y de baterías de respaldo con poca cobertura. Tras el sismo, el país quedó incomunicado, impidiendo que las víctimas atrapadas pidieran auxilio por teléfono o redes sociales. Por otro lado, los sismos afectaron y en algunos casos apagaron los centros de salud de forma inmediata. La mayoría de los hospitales públicos no cuenta con plantas eléctricas operativas o carece de combustible de reserva para mantenerlas activas más de unas pocas horas, sobre todo en el marco de lo ocurrido. Adicionalmente los hospitales ya operan con racionamiento de agua. Ante una emergencia masiva con miles de heridos, la falta de agua impide cirugías de emergencia, esterilización de material médico e higiene básica.
Protección Civil y los Bomberos trabajando a ciegas, con serias dificultades para coordinar rescates debido a la falta de sistemas de comunicación interconectados, insumos, equipos especializados e irregular suministro de combustible para movilizar ambulancias y unidades de rescate pesado. Son muchos elementos que afloraron e hicieron visible la vulnerabilidad del país ante el evento. La falta de mantenimiento en autopistas, viaductos y distribuidores aumentaron la probabilidad de su colapso, como ocurrió dejando aislando a lugares particulares, limitando el acceso inmediato a áreas en ruinas. Los enjambres de funcionarios policiales y militares presentes en la protestas brillaron por su ausencia, requeridos en este momento para asegurar espacios afectados, ciudadanos y propiedad privada.
Por la ausencia de protocolos locales y regionales para atender desastres naturales, los ciudadanos actuaron de forma autónoma e improvisada, impulsados por la desesperación sin insumos y equipos, colocando en riesgo la vida de los lesionados y la propia. Triste la actuación de gobernantes locales, regionales y nacionales, quienes intentaron secuestrar y condicionar el acopio de insumos. Los ciudadanos superaron estas restricciones y de manera masiva como onda expansiva, hicieron todo lo posible para hacer llegar los insumos fuera del control estatal. Es lógico que se requiere un control del acceso y suministro de la ayuda humanitaria, pero la burocracia gubernamental no puede servir como barrera. Existe una lucha contra el tiempo para salvar las personas, que están confinadas en los escombros, pero con un aliento de vida, estas horas son decisivas. Para los integrantes de la coalición en el poder existen protocolos internacionales para atender eventos como este. Los funcionarios internacionales en el terreno tienen capacidad, formación y experiencia demostrada, para realizar el trabajo que se requiere.
Existe una opacidad recurrente del poder, quienes en este momento pretenden asumir el control total, propiciando niveles de corrupción y matraqueo escandalosos. Es incomprensible que se intente secuestrar la ayuda humanitaria, y de igual manera el trabajo de funcionarios internacionales. La historia es cruel y delicada, la ayuda de los desastres derivados de la vaguada de 1.999 fue secuestrada, canalizada y controlada por el poder, dejando dudas razonables sobre el manejo de los recursos. Después de 26 años no existe un documento consolidado que muestre con transparencia y pulcritud, lo recibido y en que fue invertido. Esta nueva emergencia humanitaria originada por un desastre natural, no puede convertirse en un nuevo foco de corrupción.
Lamentablemente, el evento sísmico mostró las fisuras institucionales y estructurales estatales, para afrontar el desafío originado. Los ciudadanos a su propia suerte, trabajando con sus manos sin protección escarbando en los escombros, para intentar rescatar a vecinos y familiares. Y luego de pasar el temblor el Estado ausente en las primeras horas, en las cuales era imprescindible su presencia, aparece ahora para controlarlo todo. Lo concreto es que el desastre natural desnudo la fragilidad del país, en el cual los ciudadanos sobreviven sin la presencia del Estado.
@germanrodri
29-06-2026
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