Por: Fernando Luis Egaña…
Lo de “enflaquecido” no es sólo metafórico sino literal. Una buena parte de la población venezolana está perdiendo peso de manera acelerada porque está pasando hambre. Y en densos sectores sociales, mucha hambre. Lo cual es especialmente grave en los niños, porque la desnutrición infantil –que va en aumento, suele tener efectos irreversibles en la constitución del ser humano.
No hay cifras oficiales al respecto, que sean públicas, y lo que la hegemonía publica, ya se sabe, es propaganda pura. Pero al aumentar los índices de escasez, también se expande el drama del hambre, y la gente tiende a enflaquecerse. A cada rato uno se consigue a personas cuya pérdida de peso es visible, y uno se da cuenta que no es por una dieta voluntaria o por un régimen de ejercicios, sino por la falta de comida.
Un ministro muy declarativo del entorno de Maduro tuvo el descaro de afirmar que la casi totalidad de los venezolanos comían tres y más veces al día. Y tal afirmación fue hecha en un organismo internacional. Todo el mundo en Venezuela sabe que ello no es verdad. Ojalá y lo fuera. Sería lo justo en vista de la bonanza petrolera más prolongada y caudalosa de la historia. Pero lamentablemente, o más bien, trágicamente, no es así.
La crisis humanitaria que padece Venezuela tiene un fuerte componente de crisis alimentaria. Es decidir, graves dificultades para el acceso y consumo de alimentos básicos. Tanto por la escasez como por la escalada inflacionaria. O el producto no se consigue, o si se encuentra, su precio es inalcanzable para la abrumadora mayoría de la población venezolana. No hay derecho a que esta sea la realidad de nuestro país a estas alturas del siglo XXI, después del vendaval de millardos de petrodólares que el Estado ha recibido y despachado.
Por lo demás, es obvio que entre los nuevos enflaquecidos no están algunas de las figuras más notorias de la hegemonía, cada día más rollizas si no obesas. Esos sí tienen garantizado sus tres o más golpes al día. Y lo de golpe, hago constar, no tiene alusión política. Pero el tema del “enflaquecimiento” a la fuerza, aparte de literal, también tiene una dimensión metafórica: la economía está enflaquecida o diría raquítica. Los derechos democráticos están en hueso. De la Constitución sólo queda el pellejo. Y el conjunto de Venezuela se debilita en su potencial. Tenemos un país enflaquecido y eso hay que superarlo para que los daños sean reparables.
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