Transitar por algunos sectores de la ciudad de Mérida se ha convertido en una especie de juego de supervivencia. Pareciera que apenas la gente se sube a un vehículo o sale a caminar, se nos olvida que del otro lado hay personas de carne y hueso, no obstáculos de un videojuego.
Lo veo todos los días cuando voy al colegio. Por un lado, está el peligro gigantesco al que se enfrentan los motorizados. Es brutal ver cómo muchos conductores de carros les tiran el vehículo encima, no usan las direccionales o se les pegan a la rueda trasera. Parece que algunos se olvidan de que la moto no tiene una carrocería de metal alrededor para proteger a quien la maneja; la «carrocería» de un motociclista es su propio cuerpo. Un frenazo en seco o un toque de nada que en un carro solo dejaría un rayón, en una moto puede significar una visita directa a emergencias. Respetar su distancia y darles su espacio en el carril no es un favor, es literal salvarles la vida.
Pero también a veces pareciera que algunos motorizados olvidan que ellos también fueron peatonales. Es híper estresante intentar cruzar por el rayado peatonal o caminar por la acera y tener que esquivar motos que se montan para saltarse el tráfico, o que se coman la luz roja como si los semáforos fueran adorno. La acera y el paso peatonal son nuestro único refugio seguro. Si nos quitan eso, ¿por dónde se supone que caminemos? Ver a un adulto mayor o a una mamá con un coche de bebé teniendo que bajarse a la calle porque hay motos adueñándose de la acera da impotencia.
Pero el cuento de la inconciencia no termina aquí. Hay sectores de la ciudad por donde la gente le gusta mucho caminar, son sectores donde pueden encontrarse con la naturaleza y hacer deporte, sin embargo, los peatones se olvidan o no toman conciencia de que por ahí transitan también vehículos y caminan por todo el medio del camino. He visto cómo han pasado susto, sobre todo los motorizados, porque las personas no dan permiso y eso está mal. Puede ocurrir un accidente por eso.
Mi generación escucha todo el tiempo que «los jóvenes somos el futuro», pero me pongo a pensar: ¿qué clase de convivencia estamos heredando si ni siquiera podemos compartir la calle?
No se trata de arrancar una guerra entre carro vs. moto vs. peatón. Se trata de entender algo súper básico, el espacio del motorizado en la vía se respeta para cuidar su vida, y el espacio del peatón en la acera se respeta para cuidar la de todos los demás, pero si no hay acera, es lógico que tiene que caminar en la orilla del camino para no causar con accidente. Un poquito de empatía y de paciencia al manejar o caminar no le quita tiempo a nadie, pero sí evita que una ida al trabajo, al colegio o a la casa se convierta en una tragedia.
Marco Antonio Sosa Villamizar
Estudiante de 4to año de bachillerato
Colegio Micaeliano-Mérida
20-09-2026 (155)



