Los trabajadores venezolanos tienen poco o nada que celebrar durante este 1ero de mayo. Las condiciones laborales que padecen son las peores en décadas. El salario ya no es tal y sólo equivale a centavos de dólar. Las necesidades se acumulan en los hogares sin medianas mejoras a la vista.
Las organizaciones sindicales que aún alzan la voz manifiestan de manera estéril sus preocupaciones y las reivindicaciones que exigen son ignoradas. Las otrora robustas contrataciones colectivas son ahora un feliz recuerdo. Trabajar en Venezuela no se asocia con poder acceder a mejores condiciones de vida, por el contrario, es sólo una forma precaria de sobrevivencia.
Para quienes no han conocido otra situación nacional, el trabajo en Venezuela fue durante mucho tiempo la vía lógica y natural para ascender socialmente. Por miles se cuentan los ejemplos de familias que se levantaron con esfuerzo, ahorro y sacrificio. ¿Cuál futuro le puede ofrecer un padre a su hijo hoy?. ¿Luego de luchar cinco o seis años en una universidad cual será la paga del Estado y cuáles serán las condiciones o los beneficios que recibirá?.
Las jornadas en honor a los llamados Mártires de Chicago son un buen recordatorio de la tragedia que vive el trabajador venezolano. Las ollas de la mayoría de los hogares nacionales sufren como desde hace muchos años no sucedía la escasez, ya no porque no hayan alimentos en los anaqueles sino porque sencillamente no hay como adquirirlos.
Para los creyentes el trabajo dignifica la condición humana. Que los vítores se los lleven hoy todos aquellos que a pesar de una paga miserable siguen en el camino de la honestidad cumpliendo con las tareas asignadas, bajo la lluvia o bajo un calor abrasador pues trabajar será siempre uno de los pilares más edificantes.
Luis Alberto Morales
01 de mayo de 2021



