Un Primero de Mayo de indignación y lucha

Cada 1° de mayo, el mundo conmemora la lucha histórica de los trabajadores por jornadas justas y condiciones dignas. Sin embargo, en Venezuela, esta fecha se ha convertido en un amargo recordatorio de una promesa rota. Mientras el Ejecutivo Nacional emite discursos y consignas, la realidad de los venezolanos es desgarradora, después de más de una década de protestas, gremios y sindicatos unidos exigen salarios que permitan vivir, pero el Gobierno sigue haciendo oídos sordos, condenando a millones a la supervivencia más cruel.

El salario mínimo integral en Venezuela apenas alcanza para cubrir menos del 10% de la canasta alimentaria familiar, cuyo costo supera los 600 dólares mensuales según el Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (CENDAS-FVM). Esto significa que un trabajador necesitaría más de diez salarios mínimos para poder alimentar a su familia. 

Durante años, los representantes gremiales, desde maestros y enfermeros hasta conductores y obreros petroleros, han alzado su voz en las calles. Han redactado pliegos de peticiones, realizado marchas pacíficas y planteado propuestas concretas para un ajuste salarial progresivo y real. La respuesta del Estado ha sido sistemáticamente la misma, silencio, represión o aumentos simbólicos que la hiperinflación devora en cuestión de semanas. 

Es el padre que debe elegir entre comprar medicinas o comida; es el profesional universitario que emigró porque su sueldo no cubría ni el pasaje; es el trabajador activo que tiene dos o tres empleos informales para intentar juntar lo que antes ganaba en uno solo. La canasta básica, que incluye alimentos, aseo e higiene, es un lujo inalcanzable. Sobrevivir se ha convertido en una odisea diaria, y la dignidad laboral, en un recuerdo lejano.

Este 1 de Mayo, más que un homenaje, debe ser un clamor de justicia. Los gremios no piden limosna, piden lo que por derecho les corresponde, un salario que recoja el fruto de su esfuerzo. El silencio del Ejecutivo Nacional es cómplice de esta tragedia. No se puede seguir normalizando que un trabajador venezolano viva con menos de lo que cuesta una cesta de mercado.

Hoy, los trabajadores no celebran; resisten, exigen y advierten que sin salarios dignos no hay paz social posible. Que el eco de sus reclamos no se pierda en otro año de indiferencia oficial. Es hora de que el Gobierno escuche o, al menos, de que el mundo sepa que aquí, en Venezuela, el Día del Trabajador es también el día de la vergüenza nacional.

Redacción C.C.

01-05-2026