Por: Gerard Páez Monzón
Un cerebro al nacer es una «Tabula Rasa», no tiene conocimiento del mundo. La cara que ese cerebro vea con más frecuencia se convierte en un amarre de donde atarse en ese repentino vivir desconocido, traído irreversiblemente a la fuerza desde un sereno mar. Tal como el montañista dosifica su vida en estado de sobrevivencia a través de los amarres.
Las caras similares a esa cara frecuente, le ofrecen confianza, siente lo que llamamos, «Libertad»; las caras diferentes le hacen llorar, siente lo que llamamos «Amenaza». Es una manera natural de protegerse ante la ausencia de socialismo de la naturaleza.
Todo cerebro interactúa con el exterior a través de los llamados cinco sentidos y de las capacidades motrices. Pareciese que se creó más para el movimiento que para la inteligencia. Inicialmente es muy primitivo en su accionar, parece un simple juego de tenis de un solo «Servicio» y un solo «Retorno». Por ahí comienza el tejido neuronal que puede llegar a ser una obra impresionante de «Artísticos Servicios» y «Artísticos Retornos», donde ese cerebro va entrelazando su mundo como un zig-zag de acciones, un zig en zona de libertad, un zag en zona de amenaza. En cada zig «produce un retorno» para crecer; en cada zag «produce un amarre» para sobrevivir.
Si ese cerebro vive normalmente en estado de libertad, entonces irá plastificándose alrededor de infinitos pensamientos. Será un ser cultural, y vivirá el valle abierto ofrecido por el libre pensamiento. Si ese cerebro vive siempre en estado de amenaza, entonces irá plastificándose en un solo pensamiento. Será un ser animal, y vivirá el otro valle cerrado ofrecido por el pensamiento único.
Un ser animal es por lo tanto, dirigido por un ente de su cuerpo, que recibirá involuntariamente una señal de amenaza. Un estómago, por ejemplo, le haría sentir hambre para ir girando su concentración en alimentarse. Extender el tiempo de deficiencia energética, de hambre, es ir eliminando drásticamente las prioridades en su mente, llegando a convertirse en un animal salvaje al tener un solo pensamiento de comer a cualquier costo. Se le llama «instinto animal». Se le podría explicar mejores razones y estrategias de alimentación, pero no las oirá. Ese ser está dogmatizado. El único sentido que le funciona es el más primitivo de ellos, el olfato; y el único órgano es el estómago. Por eso se les puede domesticar fácilmente con algo que huela a comida, a dádiva, a promesa de casa, a perrarina, a becas para atrofiarse en el ocio alienante, etc.
Estar dogmatizado es haber vaciado la humildad de su ser, al convertir su pensamiento único en órgano dictador de su propio cerebro, así como los de la fauna han dogmatizado el pensamiento del comer a través del estómago. Sus acciones, por no sentir una paz interna, serán siempre violentas dirigidas por el instinto animal como trampas, difamaciones, desviaciones, humillaciones, etc. y fabricadas con dogma como CNE(?), TSJ(?), Presidente (?), Ministros de Defensa (?), «Brazaletes», «Tupanazis», ataques descarados a gente protestando, obligando a otros a salir a la calle con uniformes; y lo más grave que la humanidad lo sabrá resolver: asesinar una madre y sus hijas, asesinar un joven haciéndole ingerir gasolina, dejar morir seres en huelga de hambre, presos políticos… etc., etc. y etc.
Los pensamientos, las señales recibidas por los sentidos, enviadas por los órganos, y otras cosas mágicas del universo conforman todo un «input» al susodicho cerebro para generar tomas de decisiones. Los instintos son las primeras decisiones que emergen y si sus tiempos de duración son cortos, como flashes de luz, ese cerebro, entonces, tiene plastificado un nivel cultural, ya que se pone a razonar. Pero si el instinto se establece desde el momento que se disparó como la única acción a realizar, ese cerebro solo contiene plastificado el nivel animal, ya que no presenta tejido neuronal del raciocinio.
Ser de un solo pensamiento es vivir en estado de sobrevivencia. Es por eso que los cerebros dogmatizados su única herramienta es el uso de la violencia. Ser de libre pensamiento es vivir en el estado cultural. Es por eso que los cerebros culturales tienen infinitas herramientas creadas por ser, seres creativos, seres libres, superiores siempre a cualquier otro, especialmente al ser dogmatizado.
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