Valora lo que están haciendo por ti

Hoy intitulo este artículo con una frase cuyo verbo principal está en “imperativo”. De este modo también elaboré el de la semana pasada, “¡Déjate educar!”, del 05 de febrero de 2026, publicado en comunicacioncontinua.com

Al alumno, niño, adolescente o joven, con el título, valora lo que están haciendo por ti, le invito a estimar el vigor del procedimiento de su maestro, profesor, cuando sus equivocados comportamientos no los deja a los “caprichos de la suerte”, sino al empeño oportuno y paciente por esclarecerle que el poder de su educación mental y física no debe desacreditarlo mirándolo según el narciso deseo “de hacerse valer”.

Al respecto, interpelo, ¿tal deseo no es sino un brabucón interés por enaltecer una causa que “finge defender”?

Por ende, erradiquen el resentimiento cuando con todas sus energías humanas, mentales, espirituales, pedagógicas, el profesor lucha, persiste en “el buen combate”, por evitar abandonarlos a tal ficción. Él por eso no es un tirano.

Desde luego, pueden considerarlo severo, —severidad con moderación—, porque no compone ante sus dirigidos su conducta y modales para aparentar mérito; cierto, de ningún modo prescinde de sí-mismo cuando sigue una correcta disciplina y la aplica evitando distinciones sin necesidad.

En este sentido, el educador impide inspirar admiración por invisibilidad, o, con el fin de lograrla, aplicar enmiendas “raras veces”.

Sin duda, al alumno ha de motivársele la liberación de dependencias incómodas, que otro piense en lugar de él, que su tarea la haga otro, incluso el resumen, el mapa mental o conceptual, dejarse influenciar por quienes no toman en serio su educación, obviar los sacrificios de su familia, del país; esto es, él ha de aprender a renunciar libremente conveniencias en las que asume “su poder de decisión” exclusivamente para permitir irregularidades, aunque menores.

Claro, sucede que hay quienes permiten esas “irregularidades, aunque menores”, con el solo pretexto de “darse importancia”. Abrazan con tal actitud una especie de “rebeldía”. Se han habituado a mentir y “a creerse muy pilas”, como dice el aforismo popular.

Ahora bien, ante dicha actitud el preceptor no se encoge de hombros, arruga el mentón, muestra gestos de perplejidad, y se expresa: Qué bueno; qué intratable.

En realidad, muchos maestros educan sin satisfacer los deseos de pocos, porque no es de su ánimo retirar sus servicios instructivos mientras los que anhelan un ascenso para su vida, —éste como interés general—, estudian y así están empeñados por lograrlo.

En conclusión, les recalco: Valoren lo que están haciendo por ti.

Lo que, con esmero, el maestro, el profesor, transmite en palabras y buen ejemplo: ¡No se cieguen! ¡No se posterguen!, pues, son muchos los caprichos tanto internos como externos que buscan conducir a la indiferencia, a la duda, a la perplejidad, el provecho de la enseñanza que están recibiendo.

12-02-26

Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.

horaraf1976@gmail.com