Los venezolanos de buena voluntad estamos asqueados de observar cómo a nuestro alrededor todo se derrumba sin que obtengamos respuestas de los actores políticos, sean de la tolda a la que pertenezcan. Cada día con más fuerza el panorama es terriblemente desalentador: torturas crueles e inhumanas, por presunción de culpabilidad. Servicios públicos deteriorados. Inseguridad, hiperinflación. Muerte de ciudadanos por falta de medicinas. Hambre, miseria, incertidumbre, éxodo. Un país, lleno de sol, que ahora está en tinieblas, causadas por muchos años de mala praxis, de incapacidad, de mentiras y engaños.
Ahondar en explicaciones sobre los factores que causaron esta situación tan perversa sería más de lo mismo en estos momentos, porque todos en general estamos padeciéndola y sabemos que el socialismo del siglo XXI, colmado de buenas intenciones, en un principio, pero que ha sido,pésimamente estructurado,ha propiciado, en gran medida, esta cadena de infelicidad que ahora soportamos.
Si tan solo, en un momento de lucidez, el régimen de Nicolás Maduro comprendiera que no es ético, ni moral, mantener a todo un país en modo sobrevivencia. Que sincerarse y comprender los errores cometidos y no tratar de enmascararlos con subterfugios, que ya nadie cree, sería una muestra de honestidad y valentía. Que tan solo aceptando la realización de unas elecciones libres, democráticas, transparentes, donde las cartas estarán echadas sobre la mesa, sería una acción noble. Simón Bolívar, en el discurso de Angosturas dijo:“La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos. Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía. Un justo celo es la garantía de la libertad republicana, y nuestros ciudadanos deben temer con sobrada justicia que el mismo magistrado, que los ha mandado mucho tiempo, los mande perpetuamente”Entonces, si en Venezuela se pretende hacer todo lo contrario nos preguntamos ¿las palabras de nuestros insigne libertador, son letra muerta? O valdría la pena que se les diera la importancia que este reflexión conlleva?“Bolívar trató con mucho respeto a la disidencia política y siempre mantuvo relaciones diplomáticas con quienes le adversaban; los enfrentó siguiendo las reglas de juego”. Ahora, es todo lo contrario, los odios y rencores desatados entre pensamientos diferentes son tan marcados que en ocasiones parecieran irreconciliables y lo peor es que han calado en el pueblo, que antes de este periodo de sentía arropado y protegido por los colores; amarillo, azul y rojo de nuestra bandera, sin que el pensar distinto hiciera mella en el concepto de hermandad.
Por otra parte, una oposición que no termina de entender el peso histórico de su comportamiento, que se consume en dimes y diretes, en quítate tú, para ponerme yo, donde falta la solidaridad y los protagonismos, absurdos por demás, impiden acciones válidas para enfrentar el reto que se plantea; es el futuro de Venezuela lo que está en juego, y nada ni nadie, es más importante que nuestra nación y sus habitantes.
Venezuela está en una crisis social tan acentuada que solamente con el concurso de voluntades, de conciencia colectiva, de reconocimiento de equivocaciones, de actitudes honestas, y en consecuencia de decisiones urgentes encaminadas a enmendar los miles de problemas que nos agobian, podremos salir del marasmo en el cual nos encontramos.
“Bolívar acudió a la voluntad popular para legitimar sus actos; requirió la determinación de los Congresos y de los consejos; estimuló la discusión social; obedeció las resoluciones contrarias y las órdenes institucionales que se le dirigieron; asistió a las Asambleas para exponer ideas y rendir cuentas como gobernante; respetó a la disidencia justa y fue clemente con sus enemigos; convocó a su lado a preclaros ciudadanos; sancionó los extravíos; no admitió privilegios; se enorgulleció de no haber elevado a parientes suyos a los mayores cargos y honores; ejerció el gobierno con estricta probidad; renunció a salarios; despreció premios; perdonó vidas, fue fiel a los valores republicanos y grande en sus pensamientos y en sus actos, él mismo se antevió como «el precedente» en la historia nuestra, siempre fiel a los ideales democráticos y amante de la libertad, preferible a todo, preferible a su gloria”
¿Por qué entonces, no seguir el ejemplo de Simón Bolívar, si tanto se venera su imagen? ¿Por qué permitir que por intereses personalistas se siga destruyendo su legado?
Venezuela se está derrumbando ante nuestros ojos, y ante nuestras conciencias, pero todavía hay tiempo para rescatarla, porque un país tan lindo, generoso, con gente buena, con grandes extensiones de tierra y de mar que pueden darnos generosamente el sustento que requerimos, se merece resurgir.
C.C.


