El viacrucis del pueblo

Por: Germán Rodríguez B…

El viacrucis, o “camino de la cruz”, se refiere a las distintas etapas o momentos vividos por nuestro señor Jesucristo desde que fue aprehendido hasta su crucifixión y sepultura. El término también se utiliza usualmente para explicar todo tipo de dificultades que se presentan en la vida cuando se persigue alcanzar unos objetivos. En la Venezuela presente de estos días santos, los ciudadanos estamos atravesando un conjunto de peligros generados por un gobierno que ha pasado todos los límites imaginados para reprimir los reclamos totalmente justificados de una sociedad hastiada de la inseguridad, el desabastecimiento generalizado, la escasez, la inflación, la corrupción, el abuso de poder y en general de las manifestaciones de una dictadura que en su desempeño ha sido un absoluto fracaso y que pretende perpetuarse en el poder utilizando la fuerza de forma desproporcionada, en contra de un pueblo que lo que exige es la solución de los problemas presentes en el marco del texto constitucional.

El pueblo fue secuestrado por una inseguridad desatada, que lo obliga a refugiarse en sus hogares, limitando el ejercicio pleno del derecho de la libertad. Todo esto se hace con la complicidad o por lo menos con el consentimiento de la dictadura, quien renuncia a sus obligaciones de ser el garante de la paz interna. Durante el año 2016 Venezuela registró 28.278 muertes violentas, ocupando un lugar poco honroso de ser el segundo país más inseguro del mundo. En la nación se sobrevive, se lleva al miedo como sombra y lastimosamente todos los días se desafía a la muerte. De cada 100.000 habitantes que apostaron por el país en el 2016, 91 murieron por decisión del hampa. Sufrimiento que no muestra señales de mejora en el 2017. Los hechos recientes ocurridos en Caracas, en los cuales participó una cantidad importante de niños entre 10 y 15 años como autores de la muerte de dos militares en Sabana Grande, muestran la dimensión del flagelo y la destrucción institucional que ha arropado toda la sociedad. Estudios reflejan que cerca del 50 % de los inmigrantes venezolanos abandonaron el país por la inseguridad.

La vía dolorosa que afrontamos los venezolanos para la consecución de alimentos y medicamentos no es menos traumática. Los productos de la cesta básica y los medicamentos no se consiguen y cuando aparecen los precios hacen inviable la satisfacción de la necesidad atribuida al bien. La desnutrición infantil es una muestra de esa triste realidad, de igual manera ocurre con los pacientes con enfermedades crónicas que son sentenciados a una agonía por la ausencia del medicamento requerido para atender la patología. La pérdida de peso no programada es una expresión de la ruta criminal que este gobierno inflige al pueblo. Pretenden resolver el problema causado por ellos mismos con soluciones que terminan agravándolo, como los CLAP que aparecen como la panacea para solucionar el desabastecimiento y escasez presentes en alimentos y medicinas; en definitiva, es una medida política para una realidad económica. El mecanismo produce un nuevo fenómeno social grave que es la discriminación política en la asignación de las pocas bolsas de comida y medicamentos disponibles, algo que viola la Constitución y los derechos humanos de los ciudadanos. La miseria material en Venezuela ha crecido a niveles alarmantes, lo cual es indigna a la condición humana, y es función del Estado tratar de que sus habitantes vivan en condiciones que los alejen de ella.

La dictadura hace muy poco para erradicar la miseria; por el contrario, las medidas que toma alimentan el desarrollo del caos evidenciado en las preocupantes cifras de deserción en la educación a todos los niveles y en la informalidad del trabajo, estos son los latigazos recibidos por el pueblo en la ruta para su crucifixión. La educación y el trabajo son herramientas fundamentales para combatir este fenómeno, que tiende a repetirse en forma generacional, ya que de padres que viven en una pobreza extrema nacerán niños que no podrán concurrir a colegios y no estarán preparados para salir de esa situación marginal en la que se hallan insertos como rehenes del sistema, pues sin educación les será difícil, si no imposible, conseguir empleos que les proporcionen una mejor calidad de vida.

El calvario no termina, el pueblo sigue esperando por medidas que corrijan el rumbo, desde los motores productivos, el Consejo Nacional de Economía Productiva, la restructuración de PDVSA, la eliminación del CADIVISMO, el ataque a la corrupción, el CONO MONETARIO y cualquier “idea” que la dictadura suelta alegremente, los ciudadanos no observamos soluciones concretas y coherentes que mejoren la realidad actual y que permita la recuperación de la esperanza. Seguimos azotados por medidas imperfectas, inexactas e inconexas que laceran nuestro futuro.

Las últimas sentencias de la Sala Constitucional del TSJ lograron cohesionar a la oposición, salvo algunas actitudes previsibles de actores políticos específicos; lo concreto es que los diputados han asumido con toda entereza la conducción del reclamo, acción que ha sido recibida por los ciudadanos con buenos ojos y por lo tanto las manifestaciones se mantienen, a pesar de una represión brutal que ha dejado víctimas en las calles de mi querida Venezuela.

Pareciera que esta vía dolorosa es elaborada de forma intencional, con la finalidad de quebrar la resistencia del pueblo. Cada medida, cada improvisación, cada represión son latigazos recibidos; sin embargo, no serán suficientes para quebrar nuestro amor por esta tierra. Nos negamos a morir crucificados por una dictadura que ha dejado a su paso un país devastado por una economía de guerra, con consecuencias gravísimas en la sustentabilidad de los programas sociales. Es obvio que parte de esta pandilla, sobre todo del estamento militar, busque desde una posición de fuerza derivada de la represión obtener una “negociación” favorable para regresar de forma fácil y placentera a los cuarteles sin ninguna responsabilidad.  

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