Las montañas que cobijan a Dilijan se iluminaron con los primeros destellos del sol, al tiempo que una pareja de cuervos, sin parar de graznar, se acicalaba en lo alto de un frondoso pino.
Luego de degustar lavash con mermelada de albaricoque y crema de leche, el viajero se dispuso a recorrer las calles de la ciudad para experimentar la vida del Cáucaso armenio.
En la esquina de la calle Myasnikyan, una patrulla de la policía y un camión “sobreviviente” del periodo soviético esperaban ser atendidos en un autolavado. Ambos conductores departían entre carcajadas y humo de cigarro, mientras trataban de sustentar el favoritismo por sus candidatos a las elecciones legislativas.
Por sugerencia de una estudiante nepalí del colegio UWC Dilijan, la ruta más atractiva para llegar al centro de la ciudad sería a través de las caminerías del parque de la ciudad, bordeando el río Aghstev.
En la entrada, un colorido mapa indicaba la ubicación de las áreas recreativas, deportivas, el centro de información turística, del lago y los espacios que acogen exposiciones, conciertos y representaciones culturales diversas. Definitivamente, este entorno natural proporciona sosiego a propios y visitantes.
El sonido del viento cuando discurre entre las copas de los árboles va acompañado del canto de aves, de la algarabía de niños y ocasionalmente del ladrido de perros que recorren plácidamente el parque y que hacen de sus espacios el lugar perfecto para retozar y tomar largas siestas.
Quienes frecuentan el parque por recreación o para dirigirse a sus casas y lugares de trabajo tienen en los perros un fiel acompañante que, a cambio de unas caricias, siempre devuelve el gesto con una batida de cola o un sorpresivo y húmedo lamido.
Parecen comprender los avisos colocados a lo largo del parque, donde se prohíbe alimentarlos. Quizás por eso frecuentan las carnicerías de los alrededores para que los “consientan” con un jugoso filete o algún hueso.
Caminar por Dilijan es gratificante, llena de vida porque estos peludos amigos proyectan ternura genuina; hasta convertirse en representantes de la fraternidad y la simpatía armenia.
Es difícil imaginarse una Dilijan sin perros; sería como un mar sin peces o una primavera sin flores.
Antonio Rivas
Especialista en Desarrollo Sostenible y Turismo comunitario y rural.
02 de junio del 2026






