Vio a dos hermanos… Vio a otros dos

(Mateo 4, 12-23)

La primera frase, definida gramaticalmente “oración simple”, la centra Mateo en Simón y Andrés; y la segunda, llamada gramaticalmente “oración compuesta”, la centra el mismo evangelista en Santiago y Juan.

Los vio y los llamó aun con caracteres tan diversos, a formar parte de la tarea que Jesús iba inspirando en ellos: una sólida y auténtica comunión.

Hay comuniones, unidades, que resultan uniones en donde el temple humano es totalmente diferente del espiritual.

Existen en los grupos de apostolado, pastorales, agentes de pastoral, caracteres diversos, y, es una diversidad que enriquece “el sentirnos una Iglesia católica en salida y sinodal”, porque la fraternidad, la corrección fraterna, la obediencia, no son elementos de un inventario u opiniones de un lleva y trae de grupos de Instagram, WhatsApp, Facebook, X.

Desde luego, cuando esos aspectos inmateriales pero humanos —fraternidad, corrección fraterna, obediencia—, los encarnamos en “nuestra vida” y con ella en “nuestra misión”, evitamos “tomar partido”, y así subrayamos: “Yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de Pedro, yo de Cristo”.

En efecto, la sincera unidad es fértil y aumenta bajo el benéfico influjo de su gobierno; entonces subrayémonos como Pablo: yo soy de Cristo.

Su gobierno no está sometido a una sucesión dinástica, porque según ésta los reyes en rápida sucesión se arrebatan la corona.

La soberanía de Cristo en la Iglesia, en los grupos de apostolado copartícipes en ella y por ella sostenidos en el servicio a Él y a los hermanos, no es asunto privado de cada cual y de cada quien, pues, servirlo en comunión de los unos con los otros de ningún modo es producto de la arbitrariedad humana, sino un acontecimiento querido y honrado por el Padre, el cual nos conduce a reconocer junto al profeta Isaías: “Engrandeciste a tu pueblo e hiciste grande su alegría”.

Esto es engrandecer nuestra Iglesia y hacer grande la alegría de servirle y desde ella ser nutridos con la palabra y los sacramentos.

De este engrandecimiento ningún grupo, movimiento de apostolado o pastoral puede asegurar, —sería bochornoso y soberbio—, que en sus ideas tiene su origen y características propias.

Es contradictorio, por esto, que algunos reconozcan una especial vitalidad y fecundidad espiritual, pero que humanamente muestren actitudes peligrosamente conservadoras, fascinadoras e incluso paralizantes.

Volvamos espiritualmente a Cafarnaúm y escuchemos de nuevo a Jesús que directamente nos dice: “Conviértanse porque ya está cerca el Reino de los Cielos”; y, animados y preparados profundamente por este imperativo, escuchemos también referirnos este otro: “Síganme y los haré pescadores de hombres”.

25-01-26

Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.

horaraf1976@gmail.com