Por: Ramsés Uribe…
¿ Qué es un estudiante ?. Es la pregunta obligatoria al interpelar ese adjetivo calificativo, sin nota reprobada, puro veinte. Cualquier buen vecino(a) lo sabe contestar: estudiante es el que estudia. La mismísima Real Academia Española (2012), lo corrobora. Define con bastante sencillez y claridad la palabra “ estudiante”: 1. Que estudia. 2. Persona que cursa estudios en un establecimiento de enseñanza. Los autodidactas quedan por fuera de esta concepción de estudiante. No necesariamente tiene que ser así. Por ello no dejan de ser los tales. Lo malo es que el credencialismo no ampara al autodidacta. Sin embargo cada vez más el estudiante no acude personalmente a locales educativos, menos aún con el auge del aprendizaje virtual por internet y la educación a distancia. Esa es la nueva dimensión del autodidacta y del estudiante escolarizado en general. Un estudiante autónomo que no amerita al tutor a su sombra, alguien capaz de pensar y actuar por sí mismo con un pequeño apoyo de un amigo: el profesor(a).
Ser Estudiante es connatural al ser humano de cualquier sociedad. Inclusive en las comunidades tribales de tradición oral que no emplean un sistema de escritura alfabética sino fonético. Todo niño es un estudiante activo; estudia como juega, corretea como lee sus libros. Indaga como buen filósofo y científico nato, acerca de todo lo que tiene vida a su alrededor, y también las cosas inanimadas. Nada se le escapa a su visión escrutadora: lo devora todo y lo asimila en el compartimiento secreto de su mente. El que estudia es un buzo amateur en la inmersión intelectual del océano magnífico del conocimiento. Estudia por placer estético o por algún tipo de ambición, anhelo o ilusión personal. Es un fuego que abrasa irremediablemente sus huesos y médula hasta que logra aprehender algo. Nada es poco para el estudiante; una palabrita, un texto, la imagen virtual, el sonido musical o el idioma extraño. Cualquier asunto o cosa basta para encender su interés cognoscitivo; es la chispa que detona su curiosidad ilimitada que le hará llegar hacia derroteros desconocidos y emocionantes en su alma, corazón y cerebro frescos como lechugas.
Ser estudiante es muchísimo más que de lo que suele creerse popularmente. Nadie en su sano juicio se atrevería a cuestionar la importancia de la juventud y niñez estudiosa pues sería una opinión fuera de todo contexto de la realidad social contemporánea, aunque al parecer hay unos cuantos retrógrados sueltos por la calle. La sociedad entera, o casi toda, celebra el aporte del estudiantado no solo para labrar el futuro de los pueblos, sino en la convulsionada actualidad, así como lo fue en la historia. Hay aquellos que desearían un imberbe simple come libros; gorila de biblioteca y nada más, pero tampoco menos. Por suerte los jóvenes no son pasivos, nada de conformismo complaciente. Los alumnos son personas sumamente alegres con obstinación, empepados por las redes sociales y la tecnología, lógicamente estudiosos sin descanso, súper honestos y un poco alocados también. Son la razón de ser del educador. Sin estudiantes no habría docentes, ni mucho menos escuelas o universidades. El estudiante llena las calles con su sonrisa infinita y su buena voluntad. La buena vibra irradia por sus poros juveniles.
Se cumple un nuevo aniversario estudiantil. Algunos son indiferentes ante este maravilloso evento. Son fruto de la insensibilidad social o de la apatía crónica o de la miopía existencial. Hay que destacar a la muchachada estudiosa e izar bandera a media asta porque se debe recordar las bajas estudiantiles producto de su actitud contestataria y valiente frente al poder e injusticias que plagan nuestro mundo. Con esta actitud eminentemente social y política los estudiantes demuestran ser más que estudiosos de los misterios de la ciencia, la filosofía, las artes y la religión. Nos dan lecciones de vida y de estudio con su auténtica manera de ser.
Entonces me pregunto, ¿por qué razón algunos despotrican contra los estudiantes? Sin tenderles la mano, más bien le muestran el garrote del odio o su indiferencia como si nunca hubieran sido estudiantes en su época, sólo interesados en su malsano egoísmo, pues los(las) muchachos(chas) no les generan ganancias económicas. Cualquier parecido con la realidad cotidiana de quienes irrespetan los derechos estudiantiles no es pura coincidencia. Lo propio a seguir es apoyar a la muchachada en toda forma posible pues representan además de un futuro promisorio para la sociedad, son un aquí y ahora fundamental especialmente como la fuerza moral rebelde de la democracia venezolana gravemente amenazada, pero que ellos(as) tan dignamente representan.
¡ Qué vivan los estudiantes !.
Ramsés Uribe, profesor Nuvm de la ULA.
Correo: ramaseum@yahoo.com
Twitter: @ramthalneo


