No interpretemos erróneamente el título. Veamos su verdadera motivación: no surge como un lamento por el descuido de los libros —pues desde la primaria aprendimos a silabar palabras en textos pedagógicos y didácticos—, ni mucho menos como una desaprobación de la contribución que internet y la tecnología hacen a la lectura.
Ahora bien, estas dos dimensiones generan un equilibrio cuando, al tomar el libro, la computadora o el teléfono conectados a su base de datos o wifi, evitamos que se pierdan valiosas energías, la correcta pronunciación, la significación de las palabras, la profundización, la escritura y la capacidad analítica y sintética. En efecto, el uso del libro o del teléfono —sobre todo de este último— no ha de hacer ineficaces los esfuerzos de estudio emprendidos por el niño, el adolescente, el joven y el adulto en el logro de aquellas valiosas energías.
Por supuesto, evitemos las míseras ventajas momentáneas —como el “copia y pega” o los trabajos realizados por IA que ni siquiera leemos—; por eso, “volver a los libros” impele a renunciar a la deshonestidad intelectual y a amplificar la visión personal y social mediante el estudio.
El estudio —y no solo aprender de memoria o leer en un día copiosos artículos— conduce de lo más amplio a lo menos amplio, y de lo menos amplio a lo más amplio.
Al indicar que «conduce de lo más amplio a lo menos amplio», quiero decir que, con la lectura, comprensión y esclarecimiento de un argumento determinado de un libro y de la exacta idea que el autor ha desarrollado, es inviable reducirlo a una simple ocurrencia de nuestra mente. Pues lo más pertinente y lógico radica en que, aun cuando repasemos e interpretemos el argumento diferentemente, este guarda una misma significación.
De hecho, saber algo de ese argumento exige que lo delimitemos primariamente con precisión. Por ejemplo, es incongruente atribuir al triángulo lo que es propio del círculo o del cuadrado solo por el hecho de ser una figura geométrica que entra dentro de la amplitud de las figuras geométricas; así como también es incongruente atribuir a la naturaleza humana lo que es propio de la naturaleza del caballo o del ángel por el hecho de ser criaturas creadas.
Al expresar que «conduce de lo menos amplio a lo más amplio», significo que el discernimiento del argumento como una estructura inteligible —en la medida en que es posible, sin ceder a atribuciones artificiales— permite dar suficientes razones de él. Estas razones —las denomino productos genuinos e inalterados de la creatividad— se refieren tanto al decir como acto de pronunciar realmente hacia el exterior, como al pronunciar espiritualmente dentro de nosotros mismos. El fin de precisar esto es mostrar el verdadero rol de la creatividad: el elemento conceptualizado en el argumento (ya sea triángulo, círculo, cuadrado, hombre, caballo o ángel) puede presentarse al espíritu bajo muchos aspectos inteligibles y, sin duda, a ello favorece la riqueza lingüística de poder expresarnos mística, artística, científica, catequética, cultural y tecnológicamente.
06-08-26
Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.
horaraf1976@gmail.com



