Yo les digo que el que se divorcia, salvo el caso que vivan en unión ilegítima, expone a su mujer al adulterio

(Mateo 5, 17-37)

En este VI domingo del Tiempo Ordinario propongo para la reflexión este versículo del evangelio.

Atendiendo al mismo pregunto: ¿Cómo, el esposo o la esposa, el novio o la novia, la pareja, el hombre y la mujer, interpretan y experimentan el afecto interno del corazón que él siente por ella y ella por él?

Antes de hacer desdichado al otro, es prioritario pensar con humanidad y responsabilidad el valor de la sinceridad del corazón.

Toda decisión, en lugar de aviarla con la ingenuidad o con premuras improvisadas, con lo momentáneo y fugaz de las emociones temporales, hormonales, más bien esclarecerla con reflexión y verdad, según el sentimiento de amor que sobresale sobre lo corpóreo, lo económico, los bienes terrenos.

Desde luego, frente a tal sentimiento preguntamos: ¿Hay muchas excusas? ¿Hay trampas? Las primeras no, pero las segundas son impredecibles; pero la honestidad no está más allá de la capacidad humana; de hecho, Dios, a través del Ángel, en sueños le aseguró a José: Descendiente de David, no tengas miedo de llevarte a María, tu esposa, a tu casa (Mt 1, 20).

En realidad, Dios aprecia tanto esta unión —los creó hombre y mujer (cf. Gn 1, 27)— que desde los orígenes la ha preferido y de este modo la define “indisoluble”; al que denomino carácter seguro para evitarle alteraciones “sin suficiente reflexión o fundamentación” (Francisco, 2016, n. 2).

Afianzado en el mismo documento del recordado papa Francisco, interpelo: ¿Los caminos pastorales en nuestras diócesis, en nuestras parroquias, están orientando “a construir hogares sólidos y fecundos según el plan de Dios” (n. 16)?

Es innegable el trabajo de la Pastoral Familiar, de los itinerarios de la Iniciación a la Vida Cristiana de Adultos (IVCA), de los Encuentros de Preparación Inmediata al Matrimonio (EPIM), que, siguiendo el consejo de Pablo en la 2ª lectura, “es cierto que a los adultos en la fe les predicamos la sabiduría, no de este mundo”, al centro de sus diligencias formativas está la persona de carne, hueso, corazón, estómago y cerebro, en relación a la cual —hombre, mujer— insisten en considerarlas y tratarlas no con un proceder fomentador de un automatismo egoísta o inerte.

El tenor de esta frase, “ojalá que mis pasos se encaminen al cumplimiento de tus mandamientos” (Sal 118), subraya la insistencia al hombre y la mujer que descubran y vivencien una “intimidad consciente” (n. 28) en la cual prevalezca, no el afán de la pasión y el disfrute, sino la sensatez del diálogo y la comprensión.

Es decir, la reciprocidad afectiva, racional y razonable de ambos ha de estar robustecida con la capacidad de donarse generosamente; “por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne” (Gn 2, 24).

La Iglesia, a ejemplo de su esposo y maestro, Jesucristo, con frecuencia invita a los esposos, a los novios, a las parejas ansiosas por bendecir su unión, “a crecer en el amor y [en el] ideal de ayuda mutua” (n. 36).

En consecuencia, el salmista exclama, “favorece a tu siervo”; esto es, a quien desde el vientre de la madre Iglesia procede “a formar las conciencias, pero no a pretender sustituirlas” (n. 37).

A partir de la crítica de la “velocidad con que las personas pasan de una relación afectiva a otra” (n. 39), al mismo tiempo el papa Francisco recalcó, algunos “creen que el amor, como en las redes sociales, se puede conectar o desconectar a gusto del consumidor e incluso bloquear rápidamente” (n. 39).

En concordancia, el papa León XIV en su homilía durante la misa por el jubileo de las familias, los niños, los abuelos, los ancianos, del 1 de junio del 2025, expresó, “del seno de las familias nace el futuro de los pueblos”, y además «defendió “los matrimonios santos” entre hombre y mujer para superar las fuerzas que destruyen relaciones y sociedades”».

Estas acotaciones nos trasladan al final de la primera lectura:

El Señor “a nadie le ha mandado ser impío y a nadie le ha dado permiso de pecar”, pues, el mismo autor sagrado comentó, “delante del hombre está la muerte y la vida; le será dado lo que él escoja”.

En fin, con el matrimonio se fortalece la esperanza, la sinceridad, porque, al ritmo de la reflexión del papa León XIV, «“todos nosotros vivimos gracias a una relación, es decir, a un vínculo libre y liberador de humanidad y cuidado mutuo”».

Referencias:

Papa Francisco. (2026). Exhortación Apostólica Postsinodal, Amoris Laetitia.

https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20160319_amoris-laetitia.html

Infobae. (2025). El papa León defendió el matrimonio entre el hombre y la mujer: “Del seno de las familias nace el futuro de los pueblos”.

https://www.infobae.com/america/mundo/2025/06/01/el-papa-leon-xiv-defendio-el-matrimonio-entre-el-hombre-y-la-mujer-del-seno-de-las-familias-nace-el-futuro-de-los-pueblos/

15-02-26

Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.

horaraf1976@gmail.com