Yo soy el camino, la verdad y la vida

(Juan 14, 1-12)

El versículo-título, seleccionado para la reflexión de este V domingo de pascua, el cual engloba una definición de Jesús de sí mismo, esclarece esta explicación: la jerarquía, —pensemos también en la 1ª lectura (Hch 6, 1-7)—, surge de Cristo para el servicio, no para el poder.

En una jerarquía servicial, el reconocimiento del Otro, no es puro sentimiento, sino una expresión sonora; un evento que realiza lo que dice, y cuya realización sitúa al hombre en tanto que una criatura bajo el cuidado amoroso pero soberano del Creador; en efecto, Jesús subraya: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.

Con esta definición de sí, Jesús no anula la historia, ni nuestra historia personal; la orienta.

Él es el fundamento, y en consecuencia la Iglesia no es una asociación humana, sino un cuerpo místico cuya solidaridad depende tan solo de su unión con Cristo.

De hecho, en ella Él es camino, verdad y vida, porque yendo por él, en él y con él, nosotros sus seguidores contribuimos a la construcción del Templo donde Dios habita.

En este Templo, “casa espiritual”, Oikos pneumatikos, para llamarlo en palabras de Pedro, (2ª lectura 1 Pe 2, 4-9), ningún cristiano es un componente encapsulado, sino una piedra cuya identidad está definida, —hemos aludido a la definición que Jesús hizo de sí—, por su posición respecto a la piedra angular y a las otras piedras.

Sin duda, los secuaces de Jesucristo necesitamos imitar la solidez de la piedra, para, de un lado, rechazar la dureza de corazón con la cual en variadas circunstancias sumimos al otro como yo en un sentimiento de inferioridad y de exclusión social; y para que, de otro lado, comprendamos la paz pedida por Jesús no cual ausencia de problemas, sino de estabilidad interna.

En la brega por la conquista de esta “estabilidad”, siempre contamos con Jesús que nos asegura Yo soy, —fórmula del nombre divino de Dios en Ex 3, 14—, pues, en nuestro viaje, de hecho, la vida humana se considera como Viator (viajero), emerge a menudo la interpelación, “hacia dónde vamos”, y es ahí donde el Buen Pastor de las ovejas se nos ofrece no como un mapa, sino siendo camino, verdad y vida.

Ciertamente, en Jesús, Buen Pastor, no seguimos una verdad lógica, abstracta; lo seguimos a Él en tanto en cuanto que persona, y, según el evangelista Juan, él es la correspondencia total entre lo que Dios es y lo que Él mismo manifiesta.

03-05-26

Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.

horaraf1976@gmail.com