Por Anderzon Medina Roa…
Hace casi dos semanas nos mostraron el informe Bachelet, recibido y alabado por muchos con emoción y esperanza. Para esta semana, el tema en el tapete nos invita a hablar del General Figuera, quien despertó luego de dos décadas de sueño criogénico para, al igual que Luisa Ortega Díaz (por dar un ejemplo), repentinamente abrir los ojos y oponerse valientemente al sistema que los tuvo aletargados. El valiente general, al igual que la fiscal, tuvo que huir y ahora desde el cómodo exilio colabora para el retorno a la democracia en nuestro país. Ciertamente, no podemos comparar el exilio de cuatro millones de venezolanos con el de estos y demás paladines, como Borges, por ejemplo, a quienes no veremos vendiendo dulces en los sistemas de transporte masivo en las capitales latinoamericanas para subsistir. La cosa es que del informe Bachelet ya no se lee o ve tanto en los titulares de prensa y en redes sociales, apenas una semana después de que generara el impacto en espacios de opinión pública que tuvo.
En un plano menos inmediato en el horizonte noticioso, tenemos la evolución de los diálogos que iniciaron hace ya varias semanas con la colaboración del gobierno de Noruega y que esta semana nos llevó la atención a Barbados. Quizá en estos climas más cercanos a los nuestros creamos que los negociadores de oficio lograrán al menos compartir conversaciones amenas en un fraternal atardecer caribeño. La sola imagen genera una sensación tragicómica de saber que, desde hace dos décadas, la coexistencia de la clase política venezolana está clara y que solucionaron la, para ellos incómoda, alternancia de colores en La Casona y Miraflores que tenían blancos verdes en los cuarenta imperfectos años de democracia previos a esta barbarie.
Esta semana también vimos cómo se van preparando temas para que opinemos en los próximos días. ¿Está o estuvo Santrich en Venezuela en casa de Piedad Córdoba y ahora va camino a La Habana? Se vislumbran elecciones para el primer trimestre de 2020 sin Maduro como candidato. Aquí nos distraeremos mucho, opinaremos como es costumbre y nos desgastaremos argumentando como punto de honor el hecho de que el presidente en funciones sea o no candidato; un precio muy bajo, una meta muy fácil de alcanzar cuando entendemos que la tragedia venezolana no pasa por una persona sino por un sistema establecido, creador de seguidores y desarticulador de ciudadanía.
Ese sistema establecido, que ya ha cambiado los tejidos social y cultural venezolanos, al que ingenuamente el informe Bachelet instaba hace un par de semanas a tomar medidas correctivas contra su propia esencia, es el que mantiene a los venezolanos en una constante preocupación por garantizar para sí los servicios básicos (agua, gas doméstico, electricidad, gasolina, salud, alimentos), ya que ni el gobierno en funciones ni el gobierno que quiere instalarse en tales funciones son capaces de hacerlo. Esta desarticulación de la institucionalidad y de la funcionalidad del país nos mantiene a todos ocupados en la inmediatez de la cotidianidad asegurando supervivencia. Por otro lado, la sistemática generación y reproducción de cortinas de humo en el plano noticioso nacional e internacional nos establece los temas y opiniones respecto a los que debemos opinar y cómo debemos opinar, en el esquema polarizado establecido y que hemos adoptado.
Cada día ocupamos la atención inmediata en subsistir y la atención a mediano plazo en discutir las posibilidades de solución a la situación país que aún no llega. Generar enfoques distintos, opiniones novedosas respecto a nuestra cotidianidad es un acto de rebeldía. Una necesidad de generar realidades distintas en nuestro entorno inmediato y comprender mejor la retórica del poder en funciones y su arte de la distracción.
Dr. Anderzon Medina
Profesor ASOCIADO. Universidad de Los Andes
@medina_anderzon




