Beatificacion José Gregorio Hernández .John Zerpa

El pasado 30 de Abril se celebró en Caracas la beatificación de José Gregorio Hernández. Un evento muy esperado por cuanto José Gregorio goza de una extendida devoción; su figura representa un indiscutible punto de unión de todo un pueblo desgarrado por una crisis que se ha alargado demasiado en el tiempo. La ceremonia  celebrada en la Capilla San Juan Bautista del Colegio La Salle de La Colina, estuvo presidida por el Nuncio Apostólico Mons. Aldo Giordano y el Arzobispo de Mérida y Administrador Apostólico de la Arquidiócesis de Caracas Mons. Baltazar Cardenal Porras y el Arzobispo Emérito de Caracas Mons. Jorge Cardenal Urosa, quienes a su vez estuvieron acompañados de obispos e invitados especiales, entre ellos la niña del milagro, Yaxuri Solórzano.

Junto al evento religioso y a su significación para todos, fueron igualmente protagonistas la arquitectura, el arte (en sus varias dimensiones) y el diseño. Cada una de estas disciplinas tuvo un lugar particular en la celebración litúrgica reunidas en sincronía para realzar los sentidos dirigidos todos hacia la figura de José Gregorio, quien era elevado en ese momento a los altares. Por esta razón, cada una de estas “presencias insignes” del mundo artístico y creativo merecen ser señaladas, tanto por su valor estético como por su significación. Se presentan en esta Parte I la celebración litúrgica y la arquitectura; y en la Parte II, el arte (visual y musical) y el diseño.

La ceremonia litúrgica

La beatificación consistió de una misa solemne concelebrada por el Nuncio Apostólico, y los Cardenales Porras y Ugalde. Los momentos centrales fueron el Rito de Beatificación, el cual contó con las palabras de ambos prelados y la develación de la imagen del Beato, la Eucaristía y la procesión de los obispos con las reliquias.

En el Rito de Beatificación el Cardenal Baltazar Porras, el responsable de llevar a cabo la última etapa de este proceso, acompañado por la comisión postuladora, Silvia Correale y Mons. Tulio Ramírez, se acercaron al Señor Nuncio para pedir “inscribir en el número de los beatos al venerable siervo de Dios José Gregorio Hernández Cisneros”, a la cual respondió el Nuncio con la lectura de la fórmula de beatificación, en la cual el “médico de los pobres” puede ser de ahora en adelante “llamado beato y que sea celebrado cada año, en los lugares y según las reglas establecidas por el derecho, el 26 de octubre”. Siguió el canto “José Gregorio” compuesto por Renato Aguirre, con orquestación de Martín Figueroa y cantado por los solistas Betsayda Machado, Giselle Brito, Andrés Mata y Luis Fernando Borjas, mientras que un familiar de la familia Hernández, develaba la imagen de José Gregorio. El rito culminó con las conmovidas palabras de agradecimiento del Cardenal Porras.

Durante la ceremonia se leyó además el quirógrafo en el que el nuevo beato es nombrado co-patrono del ciclo de estudios en Ciencias de la Paz de la Pontificia Universidad Lateranense de Roma, enviado por el Papa Francisco.

La Eucaristía se percibió con especial belleza por el contexto de la beatificación de José Gregorio. Celebración que culminó en una atmósfera de gran alegría con los cantos de salida de Nacho Palacios y Horacio Blanco, para acompañar la procesión final de los obispos y arzobispos, quienes salieron de la capilla portando los relicarios protegidos por fundas, para llevarlos a todas las diócesis del país.

Arquitectura

La Capilla de San Juan Bautista de La Salle es un templo de arquitectura moderna, con acentos corbusereanos, ubicada cerca de la Cota Mil, por tanto con una posición privilegiada sobre la ciudad. Fue proyectada por los arquitectos Carlos Guinand Baldó y Moisés Benacerraf, con la participación del artista plástico Alberto Iriarte; fue inaugurada en 1965. Consta de dos volúmenes sobresalientes: el campanario y el aula, ambos conectados por una rampa. El campanario es una torre de concreto obra limpia con una escalera exterior, que remata en un recinto cerrado y abovedado. El aula es un espacio de planta rectangular, cubierto por tres “bóvedas de suave curvatura” las cuales tienen un protagonismo visual en la composición. La única nave se vuelca sobre el presbiterio, en el cual el altar está “ubicado bajo un cono truncado que le proporciona una iluminación cenital de notables efectos de luz y sombra”. Además sus “anchas paredes interiores, con sus distintos vanos y vitrales, recubiertas con piedras naturales, contribuyen a crear esa atmósfera tan propicia para la liturgia”.

Durante la ceremonia, esta atmósfera fue intervenida por un cuidadoso juego cromático, protagonizado por la iluminación de algunos elementos arquitectónicos clave. La pared en piedra de fondo y el altar se iluminaron de amarillo y de azul respectivamente; el complemento del tricolor nacional fue la alfombra roja del pasillo central.

Por: José Luis Chacón R…

19-07-2021

PARTE II

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