El sentido pedagógico purifica, fortalece, y eleva todas las capacidades humanas, pues lo que no debe permanecer inmutable son las estrategias económicas y políticas, por las cuales la distribución de las riquezas se orienta en verdad más a la diversidad que a la uniformidad.

¿Por qué han de ser renovables, las estrategias económicas y políticas? Porque los hombres de una sociedad una vez que tales estrategias sigan imperturbables, se envilecen más con fantasías de “boom”, o soluciones aventuradas, antes que contar con su fidedigno ecosistema económico y político; y, por supuesto, la renovación de tales ciencias dirigida con “sentido pedagógico” en la escuela, el taller, la universidad, el instituto, hace que sus primordiales principios, regidos por el anotado el pasado jueves 21-05-26, “la distribución justa y solidaria de las leyes y los recursos de los cuales todo ser humano depende para vivir con dignidad”, no queden paralizados en la certidumbre de los errores o del letargo.

La razonable administración de las propiedades de cualquier persona, es su ejercicio constante, por ende, es contraproducente esperar tenerlas para asegurar: ahora sí tengo que gestionar.

Lo justo, tanto en lo económico como en lo político lo aprende el niño en el hogar y en la escuela, porque quien rige bien la propia casa, el propio salón, esclarece con tal contribución el cuidado por lo que con esfuerzo comienza a pertenecerles, no para aferrarlo con mezquindad, sino, sabiendo desenvolver un oficio, con el producto de tal desenvoltura ayudarse y ayudar, con lo cual a la vez se siente co-partícipe —uno junto a otro— de la denominada por la Constitución Lumen gentium, “universal sociedad de la caridad” (Vaticano II. 1976, LG, n. 23, p. 61).

Esto, subraya el principio antes mencionado, advierte y soslaya la paralización en la servidumbre de los errores, y además concentra la atención en lo que el documento conciliar asimismo denomina “la mutua observancia de derechos y deberes” (LG, n. 23, p. 62).

Este enlace “derechos y deberes” tiene una aplicación concreta, impostergable; está dispuesto para cumplirse y de ningún modo dejarlo en meras recomendaciones de unos para otros o viceversa. Con seguridad, la escuela, los talleres de APEP u otras escuelas técnicas, le afirman su visibilidad en las conciencias de niños, adolescentes, jóvenes, porque de ese modo en ellas clarea primeramente el poder de la solidaridad y no solo la solidaridad del poder.

Referencias:

Horacio Carrero. 2026. El crecimiento humano en la economía y la política. https://comunicacioncontinua.com/el-crecimiento-humano-en-la-economia-y-la-politica/

Vaticano II. 1976. Lumen gentium. Biblioteca de Autores Cristianos Editorial (31 ed.).

28-05-2026

Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.