Este artículo es un apéndice del anterior, la convivencia de Cristo con los hombres en la tecnología, publicado en www.comunicacióncontinua.com el 1 de mayo de 2025. En él inició la noción de “multiformidad”.
Ella significa “muchas formas”; sin embargo, el ascenso del hombre hacia Cristo, aunque presente varias formas de emprenderlo, la verdad de la idea sobre Él, es superior e intercambiable a aquello con lo cual el hombre profundiza su adhesión.
En lo tecnológico hay inevitablemente una multiformidad de mostrar la idea de la verdad de Cristo, pero el riesgo es quedarnos sólo en un interés por conceptos de abstracciones y luego convencernos en aceptar una diversidad de opiniones.
Cristo es preeminente a una concatenación sucesiva de formas suyas.
Nuestra mente saturada exclusivamente por ese tipo de concatenación estaría suspendida en el vacío, en una pura ficción.
Pretenderíamos encontrar un Cristo, rey ideal, cual el esperado por algunos 200 años antes de su nacimiento.
Ahondaríamos lo que enseñó únicamente por su estructura racional; haríamos una continuación de proposiciones con el propósito de ofrecerle una demostración, pero en ello depondríamos lo más importante: cómo la verdad de lo aleccionado por Él nos descubre la fuerza de contemplarlo.
Por esta fuerza, los medios o sistemas de información computacional, más bien recalcan, y en ellos nos recalcamos, el hecho de acceder del concepto hacia una realidad, primera y última, alfa y omega, Jesucristo, viviente inevitablemente en la ordenación del universo, y en éste primordialmente en la estructura morfológica, mejor, morfoteológica, morfocristológica, de la persona humana.
Sin ella la realidad tecnológica no tendría realidad ninguna; sin Cristo, ambas carecerían por completo de su específica propiedad y forma; de hecho, en el cosmos está el orden de las cosas libremente querido por Dios.
En el cosmos, creado y ordenado, Dios nos está presente, en palabras de X, Zubiri, «en forma de presencia interpersonal» (1999, 55).
La figura de la realidad personal de Cristo encarna su identidad en una naturaleza determinada: la humana.
Determinada, porque erige en sentido absoluto temporal-finito, no solamente las cosas distintas que hace, sino las cosas que hace de otra manera, entre las cuales, por ejemplo, las innovaciones fraguadas con la ayuda de la tecnología.
Las cosas que hace de otra manera, son las originales de su autoría que, aunque no cristalinas de modo inmediato, sin embargo, con ellas, siguiendo el planteamiento de Zubiri, acepta y aprehende «lo que hay de realidad en las acciones humanas de Cristo» (1999, 57).
Referencias:
Carrero, Horacio. (2025). La convivencia de Cristo con los hombres en la tecnología. https://comunicacioncontinua.com/la-convivencia-de-cristo-con-los-hombres-en-la-tecnologia/
Zubiri, X. (1999). El problema teologal del hombre: cristianismo. Alianza Editorial.
08-05-25
Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.
horaraf1976@gmail.com



