Pido la palabra: La economía en el laberinto del terror

Por: Antonio José Monagas…

La economía fue crudamente fraccionada sin razón alguna. Su desmembración se dio divorciada de su esencia y naturaleza.

 

La crisis inducida por esta penosa y contrariada revolución, ha devenido en procesos de gobierno cuyos criterios no se entienden toda vez que parecieran responder a una lógica controvertida en su esquema semántico y en su traducción dialéctica. De hecho, la interpretación que sigue el alto gobierno en términos de su comprensión de la economía, ha llevado a Venezuela a verse imbuida en un perverso juego donde el terror constituye la expresión más fidedigna de cuanto movimiento o decisión puede ordenarse desde las cúpulas de poder.

Es como quien busca jugar a la suerte en medio de un laberinto cuyos límites se encuentran trazados por ámbitos signados por el terror. Tan tétrico juego el cual permite solamente avanzar por desagradables laberintos de progresiva y alevosa tribulación, se va poniendo cada vez más difícil a medida que el jugador se moviliza. El final del juego, depara al jugador una terrorífica sorpresa la cual no es digna de quien se atrevió a jugarlo recorriendo el laberinto con evidente esfuerzo. De hecho, no debería ser ganado por nadie. Pero he ahí lo contradictorio, compulsivo y hasta cruel de este juego. El mismo si bien debe concluirse, su final no es propio de aceptarse. Aunque la dinámica lúdica, es inflexible. Obliga a llegar hasta el final.

Venezuela es un jugador que, engañosamente, se montó en la línea de partida de tan dramático juego. Para ello, las circunstancias se valieron de la economía pues vieron en sus postulados el equivalente a la trampa que fue aprovechada para llamar la atención de tan iluso jugador. Jugador éste, quien sin mayores experiencias de vida, se vio inmerso en una estructura sociopolítica y socioeconómica internamente perversa. Aunque su apariencia es apacible y cautivadora.

Fue así como los valores políticos de Venezuela, fueron desvirtuándose por el influjo de una renta petrolera seductora que la envileció. Así Venezuela se acostumbró a que sus arcas se llenaran de espléndidas dádivas que la amañaron a presunciones que nunca alcanzó a reconocer y comprender como razones de corrupción y de vulgar fatuidad.

La economía fue crudamente fraccionada sin razón alguna. Su desmembración se dio divorciada de su esencia y naturaleza. En efecto, fue utilizada para alterar, en nombre de una supuesta revolución socialista del siglo XXI, todo el espectro nacional. Sus raíces históricas, fueron alteradas a fin de justificar las fechorías disfrazadas de decisiones dirigidas a insuflarle toda la felicidad que Venezuela merecía luego que, según los jugadores retadores, fue despiadadamente abusada en tiempos de extintas “Repúblicas expoliadoras y usurpadoras del ideario liberador y democrático”.

Hoy, luego de casi diecinueve años de tan grosera treta de burdo populismo, Venezuela está casi por llegar a la meta. Y aun cuando sabe lo terrible que será el momento de alcanzar el final del juego en tan aterrador laberinto, igualmente tiene conciencia de que superar tan deplorable proceso, será garantía de haber aprendido una profunda lección de vida.

De esa manera, puede reconocerse que la economía que fundamentó el engaño para enganchar a Venezuela a vivir lo que va de siglo XXI escarmentado consternaciones de todo tipo y magnitud, de nada sirvió. Lejos de apuntalar su desarrollo y crecimiento, fue ello para fue sólo un largo momento histórico que le dio fuerzas para reconocer que todo ello constituyó un duro e importante aprendizaje. O sea, fue un instante para dar cuenta de lo que no debió nunca sucederle. Sobre todo, en el plano de lo que acontece con la economía en el laberinto del terror.

“Cuando la economía cae abatida por el influjo de la politiquería, la dinámica económica sobre la cual se activa la vida financiera, administrativa, monetaria, cambiaria y bursátil de una sociedad, se abate por la confusión y el estancamiento que apresa la movilidad social. Eso significa que una nación entera, entra en una aguda crisis cuya reversión compromete un esfuerzo tan doloroso como espinoso”

AJMonagas